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Padres y centros escolares alertan de los problemas de llevarse la comida de casa

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Padres y centros escolares alertan de los problemas de llevarse la comida de casa

Las asociaciones apuntan dudas cómo quién se encarga de los alumnos con fiambrera y cómo se controlará la cadena de frío de los alimentos

05.08.12 - 00:05 -
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Padres y centros escolares alertan de los problemas de llevarse la comida de casa
Niños en un comedor escolar. / Damián Torres
La posibilidad de que la fiambrera llegue a los colegios y que se cobre una cantidad «simbólica» destinada a los cuidadores de los comedores escolares ha despertado un aluvión de incógnitas entre los implicados. Asociaciones de padres y centros concertados se muestran, en principio, a favor de una medida que puede aliviar los bolsillos de las familias más asfixiadas por la crisis. Otros progenitores la rechazan. Todos alertan de los inconvenientes que puede traer esta decisión.
Una de las dificultades que entraña el llevarse el 'tupper' de casa para comer es asegurar que la comida mantenga la cadena de frío necesaria. ¿Cómo se controla que los alimentos, a veces cocinados la noche anterior, estén en buen estado al mediodía siguiente?¿Los guardan los niños en la mochila y luego los calientan? ¿Los depositan en las cocinas del centro por la mañana? Son algunas de las preguntas que se plantean los padres.
«Partiendo de la situación de crisis en la que nos encontramos es una buena solución para quienes tienen problemas económicos. Sin embargo, hay que estudiar cómo se pone en marcha. Debe aplicarse sólo para casos estrictamente necesarios», destacan desde la Confederación Católica de Padres de Familia y Padres de Alumnos (Concapa).
El precio simbólico que cobraría Educación, siempre para cubrir la atención de los alumnos por parte de monitores, no superaría los 1,45 euros, según comentó el viernes la consellera de Educación, María José Catalá, tomando como referencia el coste por cuidador y niño al día. El menú cuesta 4,25 euros. Desde Concapa opinan que no es una cantidad «excesiva» pero que debe ser la mínima posible «porque quienes recurren a ello son personas con problemas económicos».
La presidenta de Fapa Valencia, Remei Santacatalina, rechaza la opción de que los alumnos puedan llevar sus propios platos y defiende que se mantenga el servicio de comedor becado. Una de las consecuencias que puede acarrear esta medida, según su opinión, es el riesgo del aumento de la obesidad infantil. «En la actualidad la norma de Sanidad exige que haya 20 menús variados para garantizar una dieta equilibrada. Para algunos niños, hasta ahora esta comida en el comedor era la única fuerte que hacían en todo el día», lamenta.
La responsable de Fapa resalta que esta decisión no supone comer de fiambrera de forma puntual «sino nueve meses al año». «Los alumnos, sobre todo de Infantil y Primaria, necesitan una nutrición adecuada», añade.
¿Cuál es la postura de los colegios? La presidenta de Escuelas Católicas de la Comunitat, Vicenta Rodríguez, considera que la posibilidad de comer de 'tupper' «es interesante» y «positiva» para quienes más están sufriendo la crisis. Pero también aquí se plantean una serie de interrogantes que se deben atajar antes de que la medida se haga efectiva.
Rodríguez se pregunta quién se hace responsable en caso de intoxicación de un alumno si la comida estuviera en mal estado y si estos estudiantes tendrían el mismo régimen que los que se quedan de menú o podrían salir del centro hasta que se retomaran las clases.
Otras de las dudas que afloran en los centros concertados son el espacio y los monitores. Habría que definir si hay hueco en el comedor para los niños que llevan su fiambrera al colegio y si les cuida el mismo personal que es pagado sólo por los que comen de menú. Quién aporta el menaje, el vaso y el agua, o quién paga el microondas y la nevera para calentar y mantener los alimentos también debería regularse en la normativa de Educación. «Un aspecto clave es que el comedor es también un espacio educativo, no lo son sólo las aulas. Allí se les enseña a los alumnos a comer y a usar los cubiertos, entre otros hábitos», señala Rodríguez.
La presidenta de Escuelas Católicas destaca que hay que tener en cuenta la repercusión laboral que puede tener para las empresas de catering, ya que el menor número de comensales también llevaría a prescindir de cocineros y otros empleados que podrían irse al paro.
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