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La arquitectura gótica de los bosques

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La arquitectura gótica de los bosques

'La línea, la curva y la elipse', las esculturas de Mar Solís en madera, semejan monumentales formas vegetales que trepan por las paredes y se elevan hacia el techo del IVAM

21.07.12 - 00:20 -
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«Mi intención es intervenir los suelos y las paredes de las salas», afirma Mar Solís (Madrid, 1967), cuya exposición 'La línea, la curva, la elipse', comisariada por Rafael Sierra, se puede ver en el IVAM hasta el próximo 14 de octubre. «A través de la abstracción, resuelvo mi obra con la creación de ambientes aparentemente frágiles, de líneas elevadas que se transfiguran participando de una manera muy orgánica en un suelo fecundo», añade la artista. Así es, la muestra parece tener vida propia. Las esculturas en madera de caoba oscurecida -parecen de acero cortén, la vista engaña, es necesario el tacto para descubrir la verdadera naturaleza del material utilizado- trepan por las paredes en busca del techo del museo, como si fuesen arquitecturas vegetales de formas góticas que se adaptan y transforman el espacio. También atrios o pórticos cuyas curvas reclaman ser habitadas por el espectador. La relación entre arquitectura y escultura es una alianza tensada por la rivalidad. «Las obras arquitectónicas no pueden eximirse la utilidad y pragmatismo, mientras que el arte es placer contemplativo», comenta Solís. Placer contemplativo, expresión del deseo, onirismo, fabulación y laboratorio de ideas, sostiene también este cronista, al tiempo que recuerdo, aun cayendo en la impertinencia, que la arquitectura moderna, cuando quiere disfrutar de la libertad del arte, olvida a menudo muchos de los aspectos pragmáticos que comenta la artista madrileña.
La muestra comienza con 'Cuadernos de Sombras' (2009), 'Cuaderno Rojo' (2009), 'Espacios Madrid-Damasco' (2010) o 'Cuadernos de viajes y maquetas' (2009-2012), entre otras obras, especie de 'acordeones' en soporte de papel y técnica mixta, a modo de esbozos, proyectos y apuntes de la artista en sus numerosos viajes de trabajo. Inmediatamente llegan las esculturas trepadoras, como las instalaciones tituladas 'Coronas' (2011-2012). Depositadas tranquilamente en el suelo, aunque uno diría que a punto de saltar sobre nosotros, vemos la serie 'The Sailing Forest' (2010-2012), o las hermosas y algo amenazantes 'arañas' de la serie 'Catedral' (2011-2012). Una trayectoria poética y formal en la que el visitante pasa de la agresividad inconsciente y hermosa de lo natural a la evocación de construcciones supremas de la creatividad humana. El arte, vivido como una aventura interminable, una primera piel guiada por un cerebro imperativo e investigador. «Así me pasó con la escultura», dice Mar Solís. «Forma parte de mi pasión por la vida, con ella decidí convertirme en fabricadora de símbolos».
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Mar Solís, ante una de sus esculturas en el IVAM. :: IRENE MARSILLA

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