Como cada verano, los termómetros se disparan en la capital del Turia, pero no en todos los barrios ni en todas las calles por igual. El ambiente puede ser «caluroso» o «asfixiante» según el lugar en el que uno se encuentre, según el delegado de la Agencia Estatal de Meteorología en Valencia, José Ángel Núñez, que asegura que la temperatura «es uno de los factores del clima más heterogéneos en función de la zona» debido «a la cercanía de la costa y a la 'isla de calor' que se genera en el centro».
Hasta ocho grados puede oscilar la temperatura entre el núcleo y los alrededores en determinados momentos del año, según recoge el catedrático de geografía de la Universitat de València Alejandro Pérez Cueva en su texto 'Clima y confort en las ciudades: la ciudad de Valencia'. El autor destaca que para medir «el confort» en la ciudad «se está demostrando que la microescala es más importante que el barrio, es decir, la existencia de fachadas soleadas o con sombra, arbolado o láminas de agua en la zona».
Ambos expertos subrayan la dificultad de clasificar los distritos de Valencia entre más o menos confortables, aunque coinciden en cuál es el más caluroso y cuáles los más frescos. «Ciutat Vella, por su propia estructura urbana de calles estrechas, es donde la brisa menos se nota y la sensación de bochorno es mayor, tanto por el día como por la noche», explica Núñez, que añade que en Valencia «la brisa del mar entra por el sureste durante el día, por lo que los distritos más frescos son los Poblados Marítimos, Quatre Carrers y Camins al Grao».
«Tanto a Campanar como a Benicalap la brisa de día llega más recalentada y débil. Por lo tanto, también es una zona secundaria de calor», concluye. Pérez Cueva resalta, además, «la existencia de una débil isla de frescor por las mañanas hasta que los rayos de sol tienen la suficiente inclinación para penetrar en los barrios centrales».
El mar contra la urbe
Según relata Núñez en su escrito 'Climatología de la ciudad de Valencia', la temperatura varía en la ciudad según los grados a los que estén las aguas del Mediterráneo, pero el efecto refrescante que éste ejerce se topa en el centro con el efecto llamado 'isla de calor', que se produce por el calor que desprenden los edificios, la industria o el tráfico y por la menor humedad del suelo, que hace que el aire esté más caliente. Por este motivo el este de la capital es más fresco, porque recibe sin trabas el efecto de la brisa.
El catedrático Pérez Cueva destaca que hubo un momento en la historia urbana reciente de la ciudad caracterizada «por el caos urbanístico», producido «por el crecimiento en explosión ligado al masivo éxodo rural, en el que, paradójicamente, se creó una ciudad óptima para el calor estival». Según Pérez Cueva, las parcelas de huerta actuaban de «microclimas beneficiosos y condicionaban que las alteraciones ambientales fuesen menores».
Por el contrario, desde principios de los noventa «apenas quedan retazos de estos vastos jardines urbanos y se ha vuelto a la ciudad compacta». «Las tendencias urbanísticas recientes van en el mismo camino», concluye.














