La contaminación lumínica de un lugar puede afectar a otros aunque se encuentren a gran distancia. En este sentido, los expertos incidieron en la repercusión que tiene en los parques naturales valencianos, como la Calderona o el del Túria.
«Este último es el que más sufre. El cielo allí es totalmente amarillo, tanto que los animales incluso pueden cazar de noche». En este sentido, recordaron que la iluminación del aeropuerto de Manises - a dos kilómetros de la capital-, carece de una normativa para proteger el entorno del parque.
Los investigadores manifestaron su preocupación por la implantación en los parques eólicos de luces blancas de alta potencia en los molinos que «distorsionan» la vida nocturna y abogan porque se sustituyan por otras rojas estáticas para no ser confundidas con estrellas. Actualmente, se está elaborando un mapa de zonas 'oscuras' de la Comunitat, aquellas en las que se puede observar el cielo en óptimas condiciones. Entre ellas figuran muchas playas, aunque la proliferación de paseos marítimos iluminados reducen considerablemente las opciones. De igual forma, uno de los enclaves con mejor visibilidad son los parajes de Cortes de Pallás y Andilla, ahora reducidos a cenizas.














