
Los acusados, ayer, en la sala de la Audiencia. / Irene Marsilla
La estafa del jeque está de moda. De un tiempo a esta parte, cuando el dinero escasea, hacer negocios con un acaudalado hombre de negocios resulta una bendición. La víctima fue la dueña de Sofía Joyeros, establecimiento del centro de Valencia. Los estafadores, un clan serbocroata que se hizo pasar por el jeque y su séquito.
Tras ganarse la confianza de la joyera pegaron el 'cambiazo' de los billetes por recortes de papel, lo que se conoce en el argot policial como «trato sucio». Sin embargo, la víctima sospechó. Y los delincuentes se llevaron el botín tras darle un empujón. Las piezas, entre ellas una tiara atribuida a Eva Perón, rebasan los diez millones de euros.
El juicio se suspendió ayer. Las defensas y las acusaciones llegaron a un principio de acuerdo, que deberá ser ratificado el próximo jueves. En principio, según ha podido saber LAS PROVINCIAS, las partes están dispuestas a aceptar unas penas de entre ocho y 16 meses de prisión.
El Ministerio Público solicitaba entre tres años y ocho meses y cuatro años de privación de libertad. No tendrían, por tanto, que ingresar en la cárcel los que ahora se encuentran en libertad provisional, según explicó el letrado de la joyera, Manuel Salazar, en declaraciones a diferentes medios de comunicación.
Además, los acusados se comprometen a entregar 400.000 euros. Esta cantidad se sumaría a los seis millones que ya se aportaron con la entrega de algunas de las piezas sustraídas, que fueron depositadas en un hotel de Milán por el padre de uno de los supuestos líderes del grupo para el que, no obstante, no existen pruebas acusatorias.
Los atracadores formaban parte de un clan serbocroata, según informó en su día la policía, y fueron detenidos en diversas operaciones desarrolladas en Suiza, Francia e Italia, y posteriormente extraditados a España. Dos de los arrestados salieron de prisión después de que se devolviera parte del material.
Los acusados eran auténticos expertos en el arte del engaño. Se alojaban en hoteles de lujo y se desplazaban en una limusina por la ciudad de Valencia. Esta apariencia de solvencia y excesos daba credibilidad al supuesto regalo que el falso jeque, con numeroso dinero negro de la venta de petróleo quería hacer a sus nueve esposas. Obsequios de siete ceros.






