Bradley Wiggins era un puro contraste por las carreteras de la región de Franco-Condado. El azul de su bicicleta Pinarello y el amarillo de su buzo formaban un todo que parecía cortar el aire. Cadel Evans, de rojo y negro, comenzó a ladear su cabeza demasiado pronto. No iba cómodo el último ganador del Tour. En la meta de Besançon, la carrera ha sufrido una convulsión. Los 'bárbaros' del Sky se salieron. Tanto Bradley Wiggins como Chris Froome se mueven en otra dimensión. Han reventado el tiempo de la contrarreloj. Wiggins rodaba a una media de 48,444 kilómetros por hora, Froome terminaba a 35 segundos y Fabián Cancellara, a 57. A partir del cuarto clasificado las diferencias superaban el minuto. Cadel Evans perdía 1:43, Nibali, 2:07, Menchov , 2:08 y Haimar Zubeldia, 2:22.
Wiggins es uno de esos corredores que no dejará indiferente a nadie en el mundo del ciclismo. Con una ironía muy fina y un humor inglés muy acusado, el triple campeón olímpico de pista, que también acumula seis títulos mundiales, ha dejado el anillo definitivamente. En la pista lo había sido todo y necesitaba nuevos retos. El que escogieron tanto él como sus mentores parecía una quimera hace cuatro años. Durante este tiempo ha estado moldeando su físico y su cabeza para poder ganar un Tour.
Cuando el equipo Sky se embarcó en la aventura del ciclismo con la misma cabeza visible que llevó a la pista inglesa a lo más alto hace cuatro años sabían lo que querían: ganar un mundial de carretera, ganar un Tour y lograr una medalla de oro en Londres en la prueba de carretera, con corredores ingleses. Lo primero ya lo han conseguido. Para lo segundo están en el buen camino. Wiggins sigue mostrando una fortaleza física que puede cambiar las leyes del ciclismo.
Haimar Zubeldia acabó a 2.22 del inglés y ya es sexto en la general, gracias a una contrarreloj muy regular. Estuvo cerca de los mejores y es superior a muchos de esos corredores en montaña. Consiguió que los kilómetros y la velocidad no le pesasen de forma excesiva.






