La de ayer será recordada como la noche de las sirenas en el polígono industrial La Reva de Ribarroja, un continuo ir y venir de bomberos, policías locales, guardias civiles y ambulancias. La explicación fue un tremendo incendio industrial que arrasó una empresa y afectó a otra y una agresión entre jóvenes de una discoteca próxima que se saldó con dos heridos graves a puñaladas.
La madrugada sólo dejó dos horas de paz en la zona. Justo las 2.22, las llamas comenzaron a cebarse con la empresa de reciclaje de plásticos Bahoplast, situada junto a la discoteca Oasis. Al lugar se desplazaron bomberos de l'Eliana, Paterna, Chiva, Torrent y Moncada. Más tarde se sumaron efectivos de Sagunto, Requena y Alzira.
A su llegada, los miembros del Consorcio Provincial se encontraron con un gigantesco fuego industrial. Estaba arrasando una nave de 5.000 metros cuadrados que ya sufrió un incendio hace dos años y medio. Ante la violencia del fuego, el techo de las instalaciones se vino abajo, lo que complicó las tareas de extinción al impedir la llegada del agua a las toneladas de plástico en llamas que quedaron sepultadas. La virulencia del fuego extendió el incendio a Refracta, otra empresa de material de construcción y bricolaje que según el consorcio «se vio afectada en un 50 por ciento de su superficie».
La Policía Local apoyó en todo momento la labor de los bomberos. Pero sobre las 5.30 horas, una de las patrullas se tropezó con una nueva emergencia al girar la calle Balsa, cuando se dirigía a la discoteca a solicitar un abastecimiento de agua para la extinción. Una multitud enfervorecida de jóvenes cortó el paso al vehículo policial profiriendo alarmantes gritos: «¡Han apuñalado a dos chavales!».
Uno de los heridos fue localizado en el interior de un coche que conducía una chica. Presentaba lesiones punzantes en la zona del estómago y el abdomen. Un equipo médico situado junto a la nave en llamas prestó a esta víctima los primeros auxilios.
En medio de una tremenda confusión, los policías locales dieron con el segundo herido en el aparcamiento de la discoteca. Dos chicas le taponaban una lesión sangrante a la altura del abdomen y los policías pidieron un SAMU con dificultad, ya que una veintena de jóvenes gritaban sin cesar presa de los nervios.
Pero la tensión aún subió varios grados más. De repente, una multitud se dirigió a los agentes porque habían visto al agresor «con el arma todavía en la mano», como explicó un testigo presencial. Todos lo señalaban como el autor de los dos apuñalamientos. «Llevaba un destornillador en la mano y la ropa ensangrentada», explicó otra persona que presenció la escena .
«¡Tira el arma al suelo!»
Ante el inminente peligro, uno de los policías encañonó al joven con una pistola tipo Taser de descargas eléctricas. «¡Tira el arma al suelo!», le ordenó el agente. Tras varias insistencias, obedeció y la guardó en el bolsillo. Fue su novia la que arrojó al suelo el destornillador.
Cuando ya parecía que todo estaba controlado, el sujeto empezó a correr perseguido por una multitud de amigos de las víctimas, sedientos de venganza. El grupo dio alcance al agresor y la emprendió con él a palos. «Le golpeaban una y otra vez con algo contundente», describe un joven testigo.
La Policía Local se la jugó para poder sacar al sospechoso, que estaba siendo ajusticiado en medio de la calle. Con esfuerzo lograron introducir al herido en el coche patrulla, pero los agresores rodearon el vehículo policial y abrieron la puerta trasera para seguir con la somanta de palos. La pericia de los agentes evitó que el baño de sangre fuera aún mayor.
El agresor fue identificado como Antonio S. H., de 27 años y vecino de Manises. Tras recibir auxilio médico en el centro de salud de Ribarroja fue remitido al Hospital de Manises. Uno de los heridos, un valenciano de 31 años, presentaba una grave punzada en el abdomen y acabó ingresado en el Hospital General. La otra víctima, de 24 años, fue trasladada al Hospital La Fe con una lesión similar.
Mientras todo esto acontecía, los bomberos seguían encaramados en lo alto de las cestas de los brazos artículados, estudiando la mejor manera de contener un monstruo de humo y fuego. Las tremendas dimensiones de la humareda se desvelaron al amanecer para toda la provincia. Fueron muchos los vecinos de l'Horta que pensaban que el fuego de nuevo se había adueñado de los montes. En esta ocasión, el viento alejó lejos de las poblaciones la masa negra de plástico en combustión. A diferencia de la reyerta, las llamas no causaron daños personales ni desalojos.

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