Ser consejero de una caja de ahorros (ahora reconvertidas en bancos) va a dejar de ser una prebenda sin riesgo. Hoy, con la que está cayendo, es inadmisible que se puedan cobrar unas dietas espléndidas sin cargar con las responsabilidades correspondientes. Esta semana ha sido admitida a trámite la querella de UPyD contra el presidente y los consejeros de Bankia. Esta demanda por malas prácticas de las cúpulas directivas de cajas no es un hecho aislado, sino frecuente. Sin ir más lejos, el miércoles la Fiscalía Anticorrupción abrió diligencias para averiguar si hubo irregularidades en las retribuciones (300.000 euros) y blindajes (600.000 euros) del presidente y director general de Catalunya Caixa. El FROB (público) tuvo que rescatar esta entidad poniendo el 90% de su capital.
Esta debacle ha ocurrido, en parte, porque en los consejos de administración de las cajas hay políticos, sindicalistas y cargos de la patronal, sin preparación específica en finanzas. Estos beneficiados del sistema aprobaban lo que hiciera falta por un inconfesable afán de lucro. Las generosas dietas y la disposición de dinero abundante, mediante créditos a bajo interés, es el precio del soborno por muchos sonoros silencios o actuaciones injustificables. Este 'dejarse llevar' les hace cómplices del quebranto infligido a los impositores por una gestión temeraria y cortoplacista, que incluso ha provocado la intervención de algunas entidades.
Una persona ética debe tener el pundonor de dimitir de un consejo en el que lo que se decide no le parece bien, o bien en el que es consciente de que carece de la competencia apropiada. No deseo entrar si la responsabilidad de los miembros de un consejo es civil o penal, sino en la catadura moral de quienes han cobrado cantidades abusivas en entidades con perdidas cuántiosas, ya fueran cajas o bancos.
Duele como los poderes fácticos citados se han adueñado de unas instituciones que nacieron con una misión altruista. El nombramiento de los órganos rectores de las cajas debiera haber sido conforme a méritos profesionales. Por eso, no logro entender por qué tanto pequeño y mediano ahorrador ha sido tratado como un convidado de piedra en el festín de los depredadores con carnet.
Y el Banco de España también debe asumir su responsabilidad por forzar fusiones entre cajas que, al final, han hundido a la fusionada cuando, de haber seguido por separado, algunas se hubieran salvado. La solvencia es más importante que el tamaño para la viabilidad. Un ejemplo: Bankia no estaría tan mal si Caja Madrid no hubiera tenido que 'tragarse' las Cajas, Ávila Bancaja, Canarias, Laietana, Segovia y Rioja.
Todo el país desea que el peso de la Justicia actúe porque la deuda generada por tanta torpeza ha puesto en peligro la viabilidad financiera de la nación. Una buena parte de la disparada prima de riesgo que pagamos ahora se debe a la situación patrimonial de Bankia y otros similares. En Inglaterra, Bob Diamond tuvo que dimitir como consejero delegado de Barclays por una supuesta manipulación del tipo de interés interbancario (LIBOR). Además, respondió durante tres horas ante el Parlamento. Pero aquí, en España, nadie rinde cuentas, ni dimite, ni devuelve un dinero inmerecido. El remedio no es más política, sino más sociedad civil para que los ciudadanos influyamos con acierto en nuestros dirigentes.



