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«El abuso del alcohol aumenta la posibilidad de depresión»

ANDRÉS PORCEL TORRENT Psiquiatra clínico

«El abuso del alcohol aumenta la posibilidad de depresión»

08.07.12 - 00:05 -
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cimientos sobre buena parte de lo que ocurre en el cerebro del enfermo, y a partir de ahí se han ido diseñando fármacos eficaces en muchos síntomas, como los delirios y las alucinaciones. No son sin embargo suficientes en el tratamiento del deterioro, que necesita de medidas amplias de rehabilitación y de apoyo social.
-¿Está la sociedad preparada para estos enfermos?
-Si miramos al pasado reciente, cuando el destino universal de los pacientes era la reclusión, hemos de reconocer que con los tratamientos farmacológicos por una parte y con los planteamientos de la psiquiatría comunitaria hemos avanzado un buen trecho. Sin embargo, el impacto social de la esquizofrenia es muy profundo, y no tenemos en nuestra comunidad una red de rehabilitación y de soporte en absoluto suficiente para conducir al paciente a una verdadera integración social.
Estamos muy por debajo de los recursos de otras comunidades en España, y a una distancia abismal de países como Suecia o Gran Bretaña. Hoy por hoy es la familia del paciente la que carga con la práctica totalidad de los problemas sin apenas ayuda y sin recursos para aliviar este peso. Para colmo, el actual énfasis en los costes de la sanidad y la escasa capacidad de los pacientes para defenderse de la merma de sus derechos como ciudadanos, amenazan con dar al traste con lo que se ha conseguido a lo largo de décadas.
-¿Qué consejos daría usted a enfermos, familias y sociedad en relación con estos problemas?
-Los pacientes y sus familias, además de recabar toda la ayuda posible del sistema sanitario, pueden, a través del asociacionismo, hacer oír mejor sus necesidades y recuperar la conciencia de ser sujetos de pleno derecho. Existen en Valencia la Asociación de Familiares de Enfermos Mentales y la Asociación Valenciana de Trastorno Bipolar, activas y necesarias como interlocutores ante la administración.
En la sociedad, además de lo que señalaba más arriba, yo haría hincapié en el papel que los medios de comunicación juegan en mantener el estigma asociado a la enfermedad mental. El paciente psiquiátrico ha de cargar, además de con su enfermedad, con etiquetas de peligrosidad o de incompetencia que generan una vergüenza y un sufrimiento innecesarios e injustos. La representación del enfermo mental en las noticias o en la ficción -pensemos por un momento en el cine- suele contribuir a esta situación. Este es un aspecto que puede y debe cambiarse.
Carlos Pajuelo de Arcos. La dinámica diaria hace, al parecer, que el equilibrio de los seres humanos esté cada vez más en peligro, que las enfermedades que tienen que ver con el cerebro y las conductas derivadas llenen las clínicas de los psiquiatras.
No es un fenómeno exclusivo de unos pocos. Miles de individuos están en esa lista y muchos más en riesgo de formar parte de ella. Saber algo más de ese asunto y transmitirlo es una tarea y preocupación del equipo de redacción de SALUS.
Varios reconocidos psiquiatras de la ciudad de Valencia ofrecerán sus respuestas. Hoy agradecemos al Dr. Porcel su tiempo y sus respuestas.
-¿Cuál es su especialidad y en que trabaja ahora mismo?
-Soy médico especialista en Psiquiatría. Ejerzo la psiquiatría clínica en medio ambulatorio, en consulta directa con los pacientes, tanto en la sanidad pública, en el Departamento de Salud del Hospital Doctor Peset, como en consulta privada.
-¿Qué una depresión? ¿Existe un protocolo para detectarla en la sanidad pública en el nivel de la atención primaria?
-El término depresión es algo que hemos ido vulgarizando, al pasar del lenguaje clínico al coloquial. La palabra puede referirse ahora a situaciones diferentes, con semejanzas en las formas pero distintas en el sustrato íntimo. Por una parte está la melancolía, la depresión endógena, descrita ya en todos sus rasgos desde la medicina hipocrática: esa transformación inexplicable, injustificada, del estado de ánimo del sujeto que le hace impotente para llevar a cabo cualquier mínima actividad, y que puede arrastrarle a la pérdida de la razón y al suicidio.
Aquí está bien presente la enfermedad, lo patológico, la quiebra de las capacidades que nos mantienen inmersos en la corriente de la vida. Por otra parte, hay depresiones -las más frecuentes- que nacen desde el fracaso de la persona para afrontar determinadas cargas. Ante situaciones que ponen en jaque nuestra resistencia al estrés -sobre todo el estrés crónico- los mecanismos que sustentan el propio estado anímico van desgastándose, y se entra en una situación de desánimo y de miedo que va superando al sujeto y que llega a teñir toda su existencia. Finalmente, muy a menudo vemos en la clínica personas etiquetadas de depresivas que se encuentran en situaciones de encrucijada, de cambio, de frustración o de insatisfacción vital, y que buscan en la medicina una salida a su angustia.
Hay protocolos y guías clínicas consensuadas para la detección y actuación ante las depresiones en Atención Primaria de Salud, puestas en marcha desde las sociedades profesionales de Psiquiatría y de Medicina de Familia. Pero conviene recordar que la mejor guía necesita siempre del médico que sabe escuchar a sus pacientes y que observa a través de su experiencia.
-Una vez establecido el diagnóstico. ¿Cuál es la prevalencia en el origen, raza, sexo, hábitat, alimentación, conductas irregulares etc?
-Respecto al total de las depresiones, se establece una prevalencia aproximada en población general del 15%, aunque hay trabajos que amplían ese porcentaje bastante más. Sin embargo es poco útil mezclar en un conjunto situaciones clínicas que, a pesar de su aparente homogeneidad tienen, como decía antes, muy diverso origen y también muy diferentes abordajes y consecuencias.
En los trastornos afectivos existe una mayor prevalencia en mujeres, aunque hay que tener en cuenta que las muestras estadísticas nacen como es lógico de las muestras clínicas, es decir, de personas que están en tratamiento. Y las mujeres consultan más que los hombres: en primer lugar, porque tienen un mejor reconocimiento de sus emociones y sobre todo porque cuando la mujer no se encuentra bien busca ayuda con tal de resolver un problema. A los hombres les cuesta bastante más reconocerse en situaciones de fragilidad y resolverse a buscar soluciones con el auxilio de otros, como si fuese un signo de debilidad.
Las variables sociales y económicas tienen un peso importante en la distribución de la depresión. Los colectivos más desfavorecidos tienen lógicamente menores recursos de afrontamiento ante el estrés y están además sometidos a vivencias más estresantes, con lo que su vulnerabilidad aumenta y la prevalencia de depresión también.
Las conductas de abuso de alcohol o drogas aumentan también las posibilidades de padecer depresión: en primer lugar porque la mayoría de sustancias de abuso -por ejemplo, el alcohol o la cocaína- tienen acción primariamente depresógena, ejercen a nivel cerebral modificaciones que llevan directamente a la depresión. En segundo lugar, las consecuencias de las conductas adictivas, que arrastran pérdidas económicas, de rol, familiares, sociales, etc. ponen a la persona en mayor riesgo de sufrir una depresión.
-¿Existe un incremento de estas enfermedades al compararlas con otras épocas?
-Esta es una idea muy extendida que no tiene demostración posible. En todas las épocas se ha pensado que las condiciones de vida desquician a los sujetos. No podemos comparar la prevalencia actual con la de hace cien años por la sencilla razón de que entonces no había estadísticas de trastorno mental. El modelo sanitario de aquella época -y hasta hace no tanto tiempo- descansaba en el manicomio, donde únicamente se asistía a los trastornos mentales graves. Naturalmente existían muchos otros trastornos más leves, pero ni había soluciones específicas ni podía acceder a su tratamiento la inmensa mayoría de la población.
Al ampliarse las posibilidades de respuesta sanitaria al malestar psíquico, la demanda social de soluciones al mismo se ha multiplicado. Y así parece que ahora hay más depresiones que nunca, cuando lo que hay, eso sí, es más consultas que nunca. Pero eso tiene mucho más que ver con una intolerancia personal y colectiva a cualquier grado de malestar antes que con un incremento en la frecuencia real de trastornos depresivos.
-¿Qué son la bipolaridad y la esquizofrenia? ¿Hay tratamientos que curan o atemperan estas enfermedades?
-El trastorno bipolar es la denominación actual de la psicosis maníaco-depresiva, una enfermedad en que el paciente presenta períodos de exaltación y euforia -muy a menudo incluso con delirios megalomaníacos- que alternan con episodios de depresión habitualmente graves. Es un trastorno crónico de cuyas bases cerebrales conocemos bastante, y en función de este conocimiento se formula su tratamiento. No hay todavía una terapéutica curativa para el trastorno bipolar, pero con los conocimientos actuales la mayoría de pacientes pueden mejorar mucho la calidad de vida, y en muchas ocasiones llevar una existencia normal.
La esquizofrenia es la psicosis por excelencia, la enfermedad que dio su razón de ser a la psiquiatría. Suele aparecer en la juventud y es crónica. La presencia de delirios -ideas extrañas e irreales- y alucinaciones -casi siempre en forma de voces- que predomina en los primeros años de enfermedad, va dando lugar en los siguientes a un estado de deterioro personal global, con reducción de las capacidades intelectuales, afectivas y volitivas del paciente. Se conoce mucho sobre la esquizofrenia, y se ignora mucho también. No se ha hallado ni una lesión cerebral visible específica del trastorno, ni se sabe qué causa hace que aparezca en una persona y en otra no. Sí hay cono-
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El doctor Porcel. LP

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