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La parisina más 'chic'

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La parisina más 'chic'

Inès de La Fressange manda en la moda como cuando dominaba en las pasarelas. Detesta a los gurús y pide huir de las últimas tendencias

08.07.12 - 00:03 -
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Durante años no hubo otra como ella. Inès de la Fressange eclipsó las pasarelas y cautivó a Chanel. Se convirtió en la niña mimada de Karl Lagerfeld. Jamás una modelo influyó tanto en el devenir de la alta costura. Su espigada figura perfiló los desfiles parisinos. Fue la primera 'top' en firmar un contrato de exclusividad con una compañía, lo que da idea de su tremendo poder. Fumadora empedernida y amiga íntima de Carolina de Mónaco, el mito de la elegancia francesa irrumpió en los ochenta como ninguna lo había hecho hasta entonces. Las modelos que participaban en los desfiles no sonreían; pero Inès, sí. Las maniquíes tampoco hablaban, hasta que apareció ella, Inès Marie Lætitia Églantine Isabelle de Seignard de la Fressange, con su voz rocosa y su pelo corto. Y siempre muy flaca. Siempre rompiendo moldes. Siempre con ese aire tan aristocrático que relegaba a las demás a un segundo plano.
Para muchos franceses, es el símbolo de lo 'chic'. Es la parisina, con mayúsculas. El libro que ha escrito en colaboración con Sophie Gachet, reportera de moda de la revista 'Elle', captura de una manera divertida el glamuroso París que acostumbra a pisar esta mujer, con las mejores direcciones de ropa, belleza, decoración, restaurantes... El prólogo es una auténtica declaración de intenciones: No es necesario haber nacido en París, sostiene, para tener el estilo de una parisina. «Yo soy el mejor ejemplo: nací en Saint-Tropez». Que tampoco está mal. La parisina, dice, nunca cae en la trampa de las tendencias, sino que las deja «infusionar», del mismo modo que sigue algunas reglas pero también es amante de transgredirlas. Forma parte del ADN de este icono del estilo que lleva a rajatabla seis predicamentos.
Inès desiste de copiar literalmente las últimas tendencias de los desfiles -«hay que hacer rimar 'chic' con 'cheap'-; huye de los antidestellos -«no hay que parecer rica»-; juega a descubrir nuevas marcas creativas y asequibles -«¡menuda vulgaridad apuntarse en una lista de espera para ser la primera en poseer ese bolso de colección carísimo que acaba de salir!»-; se siente muy a gusto calzando zapatillas deportivas -«el secreto de tener estilo es sentirte bien con la ropa que llevas»-; detesta a los gurús -«encuentro la inspiración en la calle»-; y desconfía, por supuesto, del buen gusto convencional -«¿te gustan los vestidos de color naranja con zapatos amarillos? Adelante, tarde o temprano, todas te querrán copiar. Hay que liberarse de algunas reglas»-.
Sin botox
Son los preceptos de esta exmaniquí de piernas infinitas e inexistentes caderas, hija de un marqués de origen eslavo y agente de bolsa, y a la que nunca le ha importado mucho el paso de los años. En su rostro no se percibe rastro de botox, pero mantiene innato el poder de magnetismo: «Esconder demasiado la edad, por lo general, envejece, pues es la preocupación de las personas mayores», argumenta.
Inès ya sedujo a quien tenía que seducir, a Luigi D'Urso, un ejecutivo italiano del que se enamoró perdidamente y con el que tuvo dos hijas -Nine y Violette-, aunque le perdió muy pronto, víctima de un ataque al corazón. Criada entre algodones, los ricos también lloran. «La felicidad es saber verla cuando está ahí, apreciar las pequeñas cosas de la vida. Uno tiene momentos difíciles y, sin embargo, sigue adelante». Tras rehacer su vida junto a Dennis Olivennes, expresidente de la FNAC y exdirector de Le Nouvel Observateur e íntimo amigo de Sarkozy, sigue volcada en la moda, hasta el punto de erigirse en una de las grandes referencias de esta industria; igual que cuando era modelo. Embajadora de la casa Roger Vivier, ejerce de consultora para Jean Paul Gaultier, es también rostro de la marca de cosméticos L'Oréal, montó junto con dos socios su propia marca en la Avenida Montaigne... Y hace dos años volvió de forma fugaz a desfilar para Karl Lagerfeld, con el que se reconcilió después de prestar su imagen para el busto de Marianne. «La vida es demasiado corta para arruinarla con cosas así», subraya.
«Con bragas de H&M»
A sus 54 años, Inès camina por la vida sin prejuicios. «Dior quizá podría haberse ocupado del estado de John Galliano antes de despedirlo», reflexiona. Asegura haber votado «siempre a la izquierda» y afirma que no pasa nada por comprar «bragas de H&M. No todas somos como Simone de Beauvoir o Brigitte Bardot», admite. Pero, ¿qué es el buen gusto para una mujer que pasó su infancia en un castillo de 24 habitaciones y que aconseja tomar distancia de la moda porque únicamente conduce a gastar sin sentido? «Un bolso de paja puede ser divertido, aunque no hay nada peor que los falsos Bottega Veneta de plástico. También hay que saber abandonar cierta ropa a partir de un determinado momento», confiesa una exmodelo que arrasó en las pasarelas, pese a que nunca se tomó demasiado en serio su oficio. «No es muy creativo. Mi trabajo era ser una percha».
Ella nunca quiso ser maniquí. Soñaba con ser psiquiatra y pintora, pero el fotógrafo peruano Mario Testino, descubridor de infinidad de modelos, se cruzó en su camino. Una pirueta que recuerda mucho a la de su hija Nine, que ha debutado como imagen del perfume Bottega Veneta. «Pero prosigue sus estudios», advierte esta estilista, que ve la moda como un negocio sujeto a este axioma: «Todo cambia para que todo siga siendo parecido. Y lo que es parecido es que lo bello se vende bien», remarca.
Son las palabras de la parisina más 'chic', que rechaza el papel que se arrogan muchas mujeres al acaparar para sí el papel de madre y «no desean delegarlo. Son las mamás las que fabrican los buenos padres: con sus maridos, confiándoles responsabilidades, o con sus hijos, enseñándoles a ayudar».
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