El monte sigue estando sucio. La sucesión de incendios en la Comunitat arrastra infinidad de comentarios que inciden en esa idea. «No se limpia». Un paseo por cualquier monte valenciano corrobora esta queja. La masa forestal valenciana está descuidada, con los cortafuegos en mal estado y los caminos repletos de maleza.
Los técnicos forestales claman al cielo por el abandono y esgrimen datos que hablan de recortes, de una infraestructura menguante. Sindicatos como Comisiones Obreras denuncian que la reducción de las partidas dedicadas a la prevención de incendios «pueden aumentar la virulencia de los que se produzcan». Pero sus técnicos también recuerdan que no todo es competencia de la Administración. «Sólo el 10 por ciento del monte es público y los propietarios no asumen esa responsabilidad pese a que se lo exige la ley», explicaba recientemente un representante de la Federación Agroalimentaria a este periódico.
Cada año se abandonan más campos y una ganadería ovina cada vez más magra ya no pasta por el monte. A los pies de la Sierra Calderona, ayer, mientras Olocau sestea, Bautista Izquierdo tuerce el lomo con una pequeña azada. Su campo, donde hay plantado garrofón, pimientos y tomates, colinda con otro abandonado. Una masa de paja crece a su libre albedrío. «Eso es pólvora», sentencia Bautista. «Si se prende, a eso le cuesta un minuto volar. Y de ahí, al monte».
«La Calderona arderá»
Bautista tiene 73 años y conoce otros tiempos, cuando el monte no estaba tan descuidado como ahora. «No se hace nada. Cuando yo era pequeño el monte estaba limpio como una patena. Antes se labraba, se podaban los pinos por abajo, el ganado también limpiaba. La leña baja se recogía; la gente pobre la vendía y se transportaba en carro a las fábricas de azulejo».
Este agricultor levanta su pequeña azada, señala la Calderona y enumera cada parte de la sierra que hay frente a Olocau: El Puntal del Cementerio, La Solana, la Penyeta Roja, El Puntal de Isidro, la Pinaeta... Y se lamenta. «No paran de pasar coches vigilando, pero sobran coches y falta gente limpiando el monte. Si se sigue así, la Calderona no tardará en arder porque, además, la gente no tiene cuidado con la naturaleza».
En esa zona de la Calderona no se atisba un cortafuegos, una faja que debe estar completamente limpia, incluidos los márgenes, y que debe verse hasta el mineral, la piedra. Los caminos deben tener un margen despejado. Pero no es así. En la Calderona es fácil encontrar rastrojos, leña abandonada, caminos devorados por la maleza. Pero así está toda la Comunitat. Como la Font Roja, en la Sierra Mariola. O el barranco del Enebro, la Nevera o Ballesteros, en la Sierra de Chiva. «No se limpia», insisten.
En las zonas forestales, donde la mayor parte es de particulares, hace tiempo que no se practica la silvicultura. Y a todo esto hay que unir la meteorología. La primavera ha sido muy seca y el monte lo acusa en verano. Tanto incendio, además, va cambiando la cara del monte mediterráneo. El pino repoblado va ganando terreno a otros tipo de árboles más resistentes y que influían de otra forma en el ecosistema.








