Serán los militantes del colectivo local del Bloc en el municipio los que decidan en una asamblea qué salida se da a la crisis de gobierno que se ha producido en Benitatxell. Los miembros del colectivo deberán decir si se invita a los cuatro ediles que han dimitido (Miquel Ángel García, Jorge Pascual, Angels Pastor y Ana Gilabert) a irse al grupo mixto o si el partido les pide que renuncien al acta y dejen paso a otros miembros de la candidatura.
De esta forma se mantendrá la alcaldía, ante los crecientes rumores de una moción de censura liderada por el PP local. Aunque ayer, al ser preguntado por esta posibilidad, el que será presidente del PP en la provincia, José Císcar, afirmó «desconocer» qué estaba pasando en Benitatxell, pero que lo que haga el PP allí será «lo que más convenga al municipio».
Desde el entorno de los cuatro concejales dimitidos expusieron su versión sobre una crisis que los ha sumido en «una gran decepción» y reconocieron que se han sentido «engañados y defraudados» tras un año de trabajo en el equipo de gobierno. Las diferencias se remontan a finales del año pasado, ya que, según relataron, «había tres medidas fundamentales que se debían tomar y que el alcalde aparcó».
En concreto, señalaron a la resolución de los problemas que había con la contrata de la basura; la actualización del padrón de viviendas (que permitiría detectar las construcciones ilegales y aumentar la recaudación por impuestos) y la necesidad de una reordenación interna del personal municipal.
Estas fuentes afirmaron que, tras la firma del pacto con el CCD, el alcalde «se volcó lógicamente con el portavoz» de esta formación y le acusaron de «descuidar a sus propios compañeros» que eran «nuevos en la política y en el funcionamiento del ayuntamiento». Según relataron, en marzo «hubo un conflicto muy importante» pero se decidió aguantar y los cuatro ediles «cedieron pero no se tomó ninguna medida necesaria».
La gota que colmó la paciencia de estos concejales fueron los acontecimientos en torno al derribo de la gasolinera de la carretera. «En el seno del equipo de gobierno, incluso con el apoyo del CCD, se acordaron unas acciones complementarias que después el alcalde no emprendió», destacaron estas fuentes. Y añadieron en este tema el «ayuntamiento ya no podía cometer más errores».
Desilusión y disgusto son las palabras que definen el estado de ánimo de los ediles dimitidos, que se integraron en el Bloc poco antes de las elecciones. Según su entorno, «son gente que no necesita de la política para vivir y que solo quería cambiar su pueblo».






