Desde muchos años atrás venía sopesando la posibilidad de realizar un viaje de placer, y nunca mejor empleada la frase, a los Fiordos de Noruega, pero por fas o por nefás había ido dejando de lado el proyecto, hasta que por fin tomé la firme decisión de llevarlo a cabo a través de Pullmantur.
Como siempre, puse manos a la obra con la formación de un grupo de amigos, tal y como viene ocurriendo en cada salida al extranjero, y finalmente fuimos dieciocho personas las que integramos la expedición, con alguna bajo en este intervalo que fue suplida por otras personas. Finalmente estuvo compuesto por Amador y Suni, Pedro Taráncon y su esposa Asunción, Tomasita y Asunción, María Cayuelas y María del Rosario, Julián Sáez y pareja, Pedro Tenza y su esposa Asunción, Paco García y su esposa, José Antonio Peral y su esposa, y naturalmente, mi esposa y yo.
El viaje, cómodo, Elche aeropuerto de Barajas y regreso igual, en autocar, de puerta a puerta, avión a Trondheim, donde nos esperaba el barco Empress, regreso desde Copenhague hasta Madrid, igualmente en avión. Y entre col y col, cubriendo un trayecto de auténtico ensueño, lagos a go-gó, montañas bellísimas y colosales, casas de muñecas, poblaciones con casas multicolores, agua por todos sitios, ríos, cataratas... auténtica delicia para los sentidos.
Primer contacto, con Trondheim, a pie de barco, en cuya visita aprovechamos las horas que teníamos antes de ponerse en marcha el trasatlántico. Una población encantadora, de las más antiguas de Noruega, que fue fundada por el rey vikingo Olav Tryggavason, allá por el año 997 DC, y que en la actualidad cuenta con 144.000 habitantes, siendo la tercera más grande del país, y cuya catedral de Nidaros, se ha convertido en una de las iglesias de peregrinación más importante de Europa.
Empezamos pues, con excelente pie, con traslados en el barco en horas vespertinas, vamos, la hipotética noche, por cuanto en estos momentos hay dos horas de oscuridad, con el sol poniéndose a las once de la noche. Segunda y gran excursión en autobús, a la Carretera de los Trolls, comenzando por Alesud, que fue la segunda población de amarre, con un largo recorrido, de ocho horas de duración, comida incluida en un típico restaurante. Un auténtico deleite de los sentidos, con montes impresionantes, cataratas por doquier, lago con profundidades entre los 400 a 1.000 metros, de ahí la facilidad de los trasatlánticos para amarrar en las orillas.
Pero las emociones seguían en progresivo aumento. Siguiente día, excursión al glaciar Briksdal, de unas ocho horas de duración, igualmente con almuerzo en ruta. La subida a pie requiere unas buenas condiciones físicas, por lo empinado, pero también podía hacerse con vehículos especiales. Esfuerzo que se vio sobradamente compensado con el fabuloso espectáculo que ofrecía el glaciar, su lago y todo el entorno. Pero nos quedaba otra gran sorpresa por la tarde, el mirador Flydal y el valle de las Águilas, con lagos helados y más de veinte metros de nieve a pie de carretera, que habían limpiado el día anterior siendo la primera expedición que hacía el recorrido. Un espectáculo fabuloso.
Siguiente salida, en el tren desde Flaam, con un viaje de ida y vuelta sin bajar de los vagones, salvo al llegar a la gran cascada, tanto a la ida como a la vuelta, para contemplarla desde el mirador y hacer fotografías. En la siguiente jornada, visita a la población de Bergen, realmente preciosa, con mucha vida, unos edificios considerados como Patrimonio de la Humanidad, su gran mercado y lonja del pescado, famosa por su salmón.
Por último, Stanverger, con un embarque para llegar hasta los pies del Púlpito. Aquí si con cierto desencanto, por cuanto nada mejoraba a los fabulosos espectáculos contemplados hasta ese momento, y el Púlpito desde el mar no es lo mismo que subir, dos horas de difícil escalada, y contemplar el paisaje desde arriba. Un día de relax en el mar y llegada a Copenhague, que ya conocimos en viaje anterior.
Un viaje realmente maravilloso, con la suerte de disfrutar de una temperatura estupenda, entre 6 y 14 grados, con lluvia el primer día y sol durante el resto de las excursiones. El barco, con un ambiente fenomenal y unas atenciones exquisitas. En verdad que valió la pena.





