Talavante es el torero de las rachas. Esa es parte de su personalidad. También la sorpresa forma parte de su singular perfil artístico. Apareció en Madrid, siendo novillero, sin que nadie prácticamente le esperase. No necesitó cortar orejas para que el país entero creyese que había encontrado el espectro de José Tomás. En pocas horas su fama recorrió los confines taurinos. Apenas lo volvió a repetir pero meses después, ya matador de toros, no sólo no acusó el proverbial bache de la alternativa sino que firmó un subidón histórico, otra sorpresa, que empequeñeció su primera hazaña: en pocos meses abrió la puerta grande de Madrid, Valencia y Sevilla. Y en esta última, en plena feria, inventó una especie de natural eterno que un lustro después el toreo entero intenta emular sin conseguirlo. Ni él mismo creo que ha logrado repetir aquel estallido de torería. Un derechazo ligado con un natural, en el que manda la quietud de las zapatillas, el malabarismo, díganle precisión, de un cambio de mano por la espalda, la cintura propia de un gimnasta y un juego de muñeca que permite eternizar el momento. No es exageración, aún resultó más bonito y más sorprendente de cómo lo he contado. Fue el muletazo que retrataba un gran torero.
A partir de ese momento vinieron tiempos que no fueron más allá de la discreción. Cumplía, adquiría oficio, entró en el territorio de lo corriente, parecía no avanzar, aburría muchas tardes y parecía incluso aburrido él mismo. Algunos llegaron/llegamos a pensar que aquella sorpresa del 2006 era poco menos que un recuerdo en la nube de los que pudieron ser y no fueron. Alguna erupción esporádica y no excesivamente trascendente y de nuevo en 2011 entró en ebullición, se sucedieron las rachas de gran nivel y una sorpresa tras otra. De nuevo abrió las principales puertas grandes, incluidas las de Madrid y Valencia.
En el 2012 mantiene la racha que ya no se entiende como racha y ese nivel le ha permitido competir directamente con los de arriba, especialmente con Ponce, Morante, Juli y Manzanares con los que alterna prácticamente a diario.
Esta vez la sorpresa es un estilo muy personal influido directamente en la escuela mexicana, tierra donde encontró el secreto artístico y el amor. En torno a aquel natural eterno de Sevilla adoptó la arrucina, la dosantina, el cambiado y los malabarismos más diversos e inesperados que entusiasman tanto que sería conveniente recordarle que el gran Talavante se tiene que sustentar en el toreo de trazo largo y hondo que enamoró desde Sevilla al mundo entero.
Valencia, estas Fallas, lo disfrutó con fruición. Esta Feria de Julio no estará por un desencuentro con la empresa. La pelota de la responsabilidad se la rebotan las partes de un lado a otro. La empresa habla de una marcha atrás del torero y su apoderado, después de dar la conformidad. El propio torero, en Aplausos, tras declararse «nada conflictivo» asegura sentirse dolido y dice que le habían prometido y ajustado otro cartel que el mano a mano con Castella. Lo que sí es cierto es que le echaremos de menos.







