
Dos jóvenes juegan con productos inspirados en la tipografía. / LP
Que sí, que está todo inventado, pero siempre se puede dar una vuelta de tuerca a lo conocido. Con una pizca de talento, dosis de imaginación y un poco de voluntad, se puede crear objetos originales. Lo que no debe fallar es la materia prima y, afortunadamente, la tipografía es un buen ingrediente y un bien ilimitado.
Desde Gutemberg hasta ahora, los tipos de letras forman parte de la cotidianidad de los ciudadanos, aunque algunos no les presten mucha atención. Constituyen un arte invisible, un objeto de estudio o un modo de vida. Para los diseñadores la tipografía es la voz del mensaje, pero para los profanos puede pasar inadvertida. Los primeros asumen, dicho desde el cariño, ser unos 'frikis' del diseño y de las letras.
Kike Correcher, el director del quinto Congreso Internacional de la Tipografía que se celebra este fin de semana en Valencia, asegura que los «tipos son como la voz porque unos gritan, otros chillan, algunos resultan infantiles, los menos imponen respeto u oficialidad, otros pasan desapercibidos...». Él, por ejemplo, no puede decantarse por ningún tipo de letra; es como si se le preguntara a un niño a quién quiere más si a su padre o a su padre. Respuesta imposible.
Una de las actividades del congreso es el Mercadillo Tipográfico, donde los diseñadores gráficos ofrecen multitud de productos inspirados en Swift, Times New Roman, Arial, Trade Gothic, Futura...
Entre los productos en venta se aprecia que la moda 'vintage' también atañe a la tipografía. Así, algunos diseñadores recurren a técnicas de impresión antigua, como la serigrafía, para crear camisetas y bolsos. En el mercadillo, situado en la Escuela de Arte y Superior de Valencia (c/ Santo Domingo), se puede comprar baldosas cerámicas inspiradas en tipografía, juegos de mesa con letras en 3D o manteles de ganchillo (ahora 'crochet') que reproducen distintas fuentes.
A pesar de la era digital, los diseñadores gráficos, sostiene Correcher, regresan a los procesos de impresión antediluvianos y reivindican el olor de la tinta, la textura del papel o los pequeños defectos de la impresión. Por romanticismo o por defecto profesional se exalta la tipografía como elemento artístico. La letra es cultura.
Además de llenar una cesta de la compra en el mercadillo, el congreso tiene un marcado carácter profesional. Una conferencia de Roman Gubern, catedrático en Historia de los Medios de Comunicación, abrió el simposio. El evento ha logrado «esquivar la crisis». De hecho, todos los temores sobre la falta de público se han vuelto infundados: el congreso tiene problemas de aforo pero por falta de espacio para acomodar a los asistentes.
Distintas conferencias abordarán hoy de las letras animadas, los derechos de autor de las fuentes y la tipografía en los libros electrónicos y en el cine. Y mañana se hará entrega del Premio Paco Bascuñán.




