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La travesía al infierno

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La travesía al infierno

LAS PROVINCIAS vive un día bajo un cielo de ceniza, pueblos evacuados y un horizonte inundado de fuego

30.06.12 - 00:19 -
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Basta con poner un pie en la calle para percibir que algo va mal. Son las diez de la mañana y los coches están tiznados de ceniza en Valencia. Decenas de pueblos viven esta lenta lluvia de monte incinerado, por lo que veo en los mensajes de colegas. El cielo es impropio del verano, de un color gris rojizo casi apocalíptico. Y pongo rumbo al origen del desastre con ánimo de contar lo que encuentre.
Ya en Montroi, cerca del 'bypass', el día se funde en gris. El sol se convierte en una tenue bola incapaz de proyectar sombra en los pueblos del interior. El humo está sobre mi cabeza al llegar al polideportivo de Real, que fue durante la madrugada el primer punto de reunión de vecinos de Dos Aguas desalojados.
El alcalde me dice que han sido todos trasladados a Turís, pero todavía me encuentro alguno como José Santamaría, de 79 años, que acaba de ser sacado por la fuerza de su casa por un guardia civil. «Yo no me quería ir, pero me han dicho que si me resistía me llevaban al calabozo». Su colega, Vicente también hubiera querido quedarse. « A defender lo mío con mis mangueras», clama con ojos enfurecidos.
Son las once y hay varias opciones. Llegar a Dos Aguas parece imposible con la carretera cortada. O voy a Turís en busca de los desalojados de la noche o avanzo al encuentro del fuego, que ya desciende empujado por un feroz poniente a las urbanizaciones próximas.
La urgencia de las llamas me empuja en esa dirección. Las cunetas de la carretera que lleva a Balcón de Montroi y la urbanización Altury de Turís está salpicada de coches detenidos. Son vecinos que ya han sido desalojados. Han salido con lo puesto y se resisten a alejarse de sus residencias. Miran temeros las lenguas de fuego que ya llegan.
Entrar en Balcón de Montroy es tarea imposible. El fuego está a sólo 20 metros de los chalés y dos ajetreados miembros de Protección Civil piden con sus 'walkies' medios de extinción al PMA (Puesto de Mando Avanzado). «No puede ser que no haya aquí ya bomberos o aviones descargando, joder», se lamenta uno de ellos, consciente de que el fuego lamerá las casas y saltará a los pinos de las parcelas.
Los dos voluntarios no dan abasto. «No llore, avance», le dicen a una mujer que abandona entre lágrimas la urbanización. En cuestión de minutos, un problema añadido: la entrada a la zona residencial se les llena de vecinos que regresan con caravanas y furgonetas a por sus perros. «Déjeme pasar, hombre, que se me queman los perros», vocifera uno mientras sortea el corte con un acelerón de su coche.
Me cubro con la libreta. Las cenizas en suspensión ya queman y el aire empieza a ser irrespirable. Es hora de dar marcha atrás. En mi huida me topo con un hombre que riega con su manguera la maleza desde su chalé. «De aquí no me saca ni la Guardia Civil», grita mientras ve el fuego aproximarse.
Avanzo unos kilómetros y una atípica pocesión de jóvenes con caballos se cruza en mi camino. Vienen de Camarrotges. Han sacado a los equinos con premura de sus cuadras, temerosos de que el incendio los matara.
De vuelta a Real, la entrada del polideportivo está inundada de desalojados con sus animales. Algunos los referscan con garrafas de agua y decenas de familias permacen sentadas en el exterior. Prefieren quedarse allí, cerca de sus casas, en vez de acudir al punto de acogida de evacuados de Turis.
Mi garganta reseca necesita un trago urgente agua fresca. La dueña del bar del 'poli' me cuenta que una llamada del alcalde la arrancó el jueves del cumpleaños de su hija «para dar de cenar a los vecinos de Dos Aguas».
Mi último paso es visitar Turís. De camino, una mujer llora mientras habla con familiares con su móvil. Y un guardia civil me confiesa: «He desalojado a 400 personas en una mañana. Muchos no hacen caso y no tenemos más medios».
A las cinco de la tarde, en Turís, decenas de personas están siendo trasladadas de nuevo. Del polideportivo, al centro de día. Ancianos, niños, mujeres con bebés... Todos con las mismas preguntas a policías y voluntarios. «¿Saben si se han quemado nuestras casas? ¿Saben cuándo podremos regresar?».
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