Una de las virtudes que Quesada quiere dar al diseño de los nuevos locales es la flexibilidad, en lo que se refiere a que sea capaz de funcionar a la perfección durante todos los meses del año. De ahí el interés en abrirlo más hacia la playa y dotarlo de una piel de madera que le da una indudable ligereza. Con una combinación de cristal en las fachadas se pretende recuperar el concepto de «ligereza» de los merenderos clásicos de los mismos materiales, lejos de lo que luego se hizo con los edificios donde abunda el hormigón y que se mantienen hoy en día.














