Las figuras de los desaparecidos Salvador García y Mauricio Gómez fueron protagonistas ayer en Alicante. El primero, el veterano ganadero fallecido recientemente y cuyas reses, en su memoria, lucieron divisa negra en su regreso al coso de la Plaza de España. El segundo, asolerado artista de hogueras, murió ayer, el mismo día en el que ardieron el 'Esplendor' que sus hijos, Mauricio y José Francisco, plantaron en la Plaza del Ayuntamiento, y el 'Origen' con el que los debutantes en categoría Especial, Rafael y Juan Miguel, se estrenaron en Séneca-Autobusos con un segundo premio.
Desde allá arriba, con otros ilustres criadores de toros bravos, vería el añorado Salvador García cómo los primero y cuarto de ayer -'Querido' y 'Vocero'- se acercaban al tipo de toro que siempre quiso criar: encastado y al que los toreros debían poder para luego someter. También observaría cómo si a la nobleza de segundo y tercero -'Ancianito' y 'Llorón'- se le hubiera añadido algo más de empuje, habrían sido toros de bandera. No estaría satisfecho el gaditano ganadero de la mansedumbre del quinto y sexto -'Gallinero' y 'Volador'-.
Mauricio Gómez Fonseca daba el visto bueno a todos los proyectos que esbozaban sus hijos. Así, el veterano artista de hogueras pudo ver, sobre un papel, los primeros apuntes de «Esplendor» y «Origen». Con el paso de los meses y el agravamiento de su enfermedad, apenas pudo comprobar cómo ambas hogueras iban tomando cuerpo. Ahora, desde allá arriba sí habrá observado, junto con otros compañeros de profesión, de lo que son capaces sus hijos de hacer en la Plaza del Ayuntamiento y en Séneca-Autobusos. No ha habido más que acercarse en estos días, de incógnito, alrededor de ambos monumentos y los parabienes se sucedían sin solución de continuidad. La Plaza del Ayuntamiento, aquella en la que Mauricio Gómez Fonseca también inscribiera su sello de artista en más de una hoguera, ha vuelto a impregnarse de su bonhomía en estas Hogueras.
Rubén Pinar cortó ayer dos orejas a los de la familia Cebada por dos faenas de distinto corte que le valieron la salida en hombros por la Puerta Grande. Al tercero, que sacó la casta para mantenerse en pie, lo lanceó con verónicas a pies juntos. Comenzó en redondo sometiendo mucho al astado que perdió las manos en más de una ocasión. Dio con la altura suficiente como para que llegara el lucimiento en templadas tandas en redondo. Al natural no se prodigó. Con circulares finalizó su actuación antes de un pinchazo y una estocada.
El que hizo sobrero tomó el capote con la cara alta y Pinar no logró lucirse ante esa embestida deslucida y sin apenas humillación. Manseó en el caballo el de Cebada y ya en la muleta, y a fuerza de que sólo viera tela, logró Pinar desengañarlo en las primeras tandas en redondo. Poco a poco le fue pudiendo la mansedumbre al cinqueño «Volador» y el torero castellano-manchego se llevó la mano a la izquierda donde el toro deslució las tandas. Entablerados acabaron ambos y el torero recurrió al populismo para cortar la segunda oreja después de un pinchazo y una media estocada.
David Mora es un claro ejemplo del toreo clásico. Así lo evidenció en el torero saludo, rodilla en tierra, al primero de su lote, un toro que quedó mermado de fuerzas debido a un volteretón que sufrió a la salida del caballo. Con la muleta se gustó en un templado y toreo en redondo hasta que las fuerzas le aguantaron al de Cebada. Con la zocata también dejó su sello el torero madrileño y como estuvo expeditivo con la espada cortó su única oreja de la tarde.
Se las vio Mora con el manso y deslucido quinto, frente al que Félix Jesús Rodríguez y Víctor Manuel Martínez se desmonteraron en banderillas. La faena de muleta discurrió entre la intención del toro de huir a chiqueros y la predisposición del torero a que esto no sucediera. Parecía que iba a ganar la voluntad del torero mas fue un espejismo. «Gallinero» cantó la gallina, como se dice en el argot.
Dos versiones de Rafaelillo se vieron también ayer en Alicante. Al que abrió plaza, justo de fuerzas, lo fue metiendo en la muleta hasta completar una faena de mérito superando la compleja embestida y recordando al torero murciano que ha conseguido grandes gestas. Sin embargo, otro muy distinto fue el Rafaelillo que se vio en el cuarto de la tarde, frente al encastado «Vocero». Y eso que lo recibió con una larga cambiada y José Mora se desmonteró tras parear con exposición. Fuera porque el cuatreño puso en apuros a Rafaelillo nada más comenzar la faena de muleta y porque, paulatinamente, se fue quedando corto en sus viajes, el murciano optó por abreviar sin que hubiera llegado a estirarse en ninguna ocasión.






