Andrés Avelino Palomino Barrios, alias 'El Chino'. 68 años. Un peruano solitario acusado de intrusismo médico, con un pasado oscuro y estancias esporádicas en varias provincias de España. Así es el hombre que el jueves apareció estrangulado en la habitación de alquiler donde vivía, en el valenciano barrio de Patraix.
Al cierre de esta edición, no se habían producido detenciones en relación al crimen. La Policía Nacional mantiene abiertas varias hipótesis, pero centra las investigaciones en el turbulento pasado de la víctima. Lo que sí parece claro es que lo mataron cuando estaba solo en su casa, donde convive con una pareja boliviana. Su asesino es, a buen seguro, alguien conocido, ya que no había puertas forzadas: ni la de la casa, ni la de la habitación de la calle Venezuela donde vivía en régimen de alquiler.
Durante el día de ayer la Policía seguía recabando testimonios entre vecinos y comerciantes de la zona. «Me han enseñado dos fotos con imágenes de un peruano y un colombiano, pero no conozco a ninguno de ellos», explicó una vecina.
La historia de Palomino es rocambolesca y está repleta de misterio. Su atribución de médico se basa en un título expedido por una universidad peruana y homologado por el Ministerio de Sanidad, sin embargo acumulaba varias denuncias por intrusismo e incluso estaba pendiente de juicio por este motivo en Córdoba.
En los años 90 el peruano recaló en Francia, donde trató de construirse un futuro laboral en hospitales. En el país galo fue objeto de una veintena de denuncias. Incluso fue inhabilitado tras una condena a 18 meses de prisión en 1996 por práctica ilegal de su profesión. Al parecer, ejerció como pediatra y cirujano sin contar con el título pertinente.
Pero en diciembre de 1997 ya no estaba entre rejas. Trabajaba como cirujano en el Hospital General de Perpiñán (Francia) cuando fue detenido por algo mucho peor: tres crímenes en serie de mujeres, dos de ellas halladas junto a la estación de Periñán, cerca de la casa de 'El Chino'. Las víctimas presentaban heridas y mutilaciones muy precisas, realizadas por un cirujano según las sospechas policiales.
Palomino fue arrestado como sospechoso de estas muertes, sin embargo la justicia francesa lo dejó en libertad por falta de pruebas. Pasó seis meses en prisión y un cuarto crimen tuvo lugar mientras el estaba entre rejas.
Con el cambio de milenio, el peruano dejó Francia y se trasladó a España, pero su actividad intrusista le deparó otra vez problemas con la justicia. Entre los años 2005 y 2009 trabajó para el Servicio Andaluz de Salud en centros de Lepe, Huelva, Almería y Pozoblanco (Córdoba). Al parecer, también consiguió contratos esporádicos en la sanidad pública catalana y murciana hasta que en abril de 2009 fue arrestado por la Guardia Civil por ejercer sin la preceptiva titulación.
A principios de 2010 se trasladó a Burgos y consiguió ejercer, aunque sólo 24 horas, en el Hospital General de Yagüe, en Burgos. Su última peripecia fue en enero del año pasado, cuando el Ministerio de Sanidad permitió que se presentara a las pruebas de acceso al MIR.






