Carlos Calvo. Nuestros pacientes reumatológicos, nos preguntan diariamente por la continuidad de importantes tratamientos que 'les han cambiado la vida' (fundamentalmente tratamientos biológicos), pero que saben son muy caros. Ante cambios terapéuticos, nos preguntan: ¿es para ahorrar?
Las autoridades sanitarias de todas las comunidades autonómicas se han visto obligadas a hacer 'recortes', pero si queremos mantener la confianza de los ciudadanos y contar con la colaboración de los profesionales de la salud, estos recortes deben asociarse a reformas, que busquen la eficiencia utilizando los recursos adecuadamente, y que garanticen la sostenibilidad de nuestro sistema sanitario. Estábamos acostumbrados al "gratis total" y esto, que no es sinónimo de eficacia, no va a poder continuar.
Nuestro Sistema Nacional de Salud, organización muy apreciada por los ciudadanos, sigue siendo una gran baza para nuestro país, tiene unas grandes fortalezas, suministradas sobre todo por sus profesionales: la calidad asistencial ofrecida está ahí, pero se enfrenta a una grave crisis de sostenibilidad. Hay que adoptar medidas afrontando estos retos, fortalezas y debilidades: atención sociosanitaria, hospitalización domiciliaria, nuevas formas de gestión, etc, pero contando siempre con la motivación del personal sanitario. que tengan un sentimiento de orgullo de pertenecer a cada Centro, que trabajen con criterios de equipo. Evidentemente, esto no se consigue solo con una retribución justa.
Las medidas planteadas buscan una cartera de servicios común y accesible para toda la sociedad, manteniendo el objetivo de una sanidad universal y equitativa.
Las innovaciones diagnósticas y terapéuticas, van a significar en muchos casos una mejora para los pacientes, pero evitando situaciones de dudosa efectividad.
Es fundamental la potenciación de centrales de compras, (existe más de 15 años en nuestra Comunidad), buscando quizá alianzas estratégicas con todas las comunidades autónomas, lo que mejorará los resultados: 17 comunidades autónomas comprarán a mejor precio con igual calidad.
El gasto en grupos importantes de fármacos, como nuestros tratamientos biológicos, es importante, aunque consiguen un ahorro importante al mejorar la actividad laboral, disminuir ingresos e intervenciones e incluso la mortalidad, además de una notable mejora en la calidad de vida de los ciudadanos. El instaurar comisiones que estudien estos fármacos de amplio impacto médico y económico, como las puestas en marcha en nuestra Comunidad, permiten un uso racional de estos fármacos, contando con la prescripción de los especialistas pero centralizando las compras y con la colaboración de los servicios de farmacia. Debemos asegurar que los pacientes que los necesiten, puedan disponer de ellos.
Se hace necesario (y basta con ver lo que ocurre en la mayoría de países del entorno), establecer cambios en el pago de las medicaciones, hasta ahora basado exclusivamente en la edad y en la separación entre personas activas y pensionistas. Parece más lógico pensar en otras formas de copago que protejan a los grupos de menor poder adquisitivo (enfermos crónicos o graves, parados de larga duración, pensiones mínimas.), con exención total de pago en estos casos.
Deben realizarse, pues, cambios que garanticen un modelo sanitario sostenible, equitativo y justo, protegiendo a los grupos más desprotegidos, como ya hemos indicado y estos cambios precisan de la colaboración de todos los actores de la sanidad: ciudadanos y pacientes, personal sanitario, gestores hospitalarios y responsables políticos.
Avancemos con el conocimiento, la experiencia y sobre todo, el sentido común y la lógica, especialmente si tenemos al paciente, a los ciudadanos, como 'nuestra razón de ser'.











