Fernando Alonso mantiene que le ilusiona correr en Valencia. Dice que quiere ganar en casa y así lo reiteró el jueves por la tarde. Pero desde luego, el circuito de Valencia no le reporta demasiados recuerdos. Más bien sólo uno, el segundo puesto de la temporada pasada. El resto, una decepción tras otra. El asturiano sufre una maldición roja... o la escudería roja ha heredado la maldición del español.
Porque hubo un tiempo en que aquí ganaba hasta Massa. Eran otros tiempos, tanto en lo económico como en lo deportivo. El brasileño incluso estaría a punto de birlarle el Mundial a Lewis Hamilton en Interlagos. Hasta la última curva, el piloto de la Scuderia fue campeón pero el británico se impuso después de pasar a Timo Glock justo antes de la recta de meta.
Pero para entonces ya había empezado la maldición de Alonso con Valencia. Mientras Massa celebraba su victoria en el podio del circuito urbano, el piloto asturiano estaba encerrado en su box, entonces el de Renault. Todo había salido en contra. La capital del Turia estrenaba la Fórmula 1 en el entorno de su puerto y esperaba un triunfo del ídolo de la afición. Por contra, antes de que se completase la primera vuelta, el japonés Kazuki Nakajima le impactó y destrozó su alerón trasero.
Esto le obligó a abandonar, iniciando esa maldición que parecía haber tocado a su fin. El año pasado, Fernando Alonso consiguió un segundo puesto que tenía saber a victoria. Carrerón del asturiano que sólo claudicó ante un Sebastian Vettel de otro planeta.
Atrás quedaban todos los sinsabores. Ese de 2008 con Nakajima. El discreto sexto puesto de 2009, en un año que tampoco fue muy bueno para Ferrari, que tuvo que poner en pista a un Badoer más que discreto. Pero sin duda lo peor de todo llegó en 2010.
Aquel año debutaba Alonso con Ferrari y aquí perdió unos puntitos que a la postre serían definitivos para el Mundial. Fue la carrera de la sanción tardía a Hamilton por incumplir la normativa ante la salida del safety car a pista. Y fue el Gran Premio en que el español se vio al final superado en pista por otro japonés, Kobayashi.
Con todo lo dicho, cualquiera se creería que alguien ha lanzado una maldición contra la Scuderia y su piloto español. Quizás la teoría quede desmontada con el meritorio podio de Alonso el año pasado, cuando el Ferrari no era ni de lejos un coche competitivo para aspirar al Mundial de Fórmula 1.
O no. Porque en la calificación de ayer salió mal casi todo lo que podía salir mal. «Los equipos medios, los que antes estaban un pelín atrás, han hecho un gran trabajo. Force India, Sauber y Lotus están yendo rápido», comentó ayer el asturiano, que estaba serio, pero tampoco quiso convertir la situación en un drama.
Alonso, por contra, quiso sacar la lectura positiva. «Salimos undécimos y tenemos dos juegos de neumáticos nuevos. Otras veces hemos optado por entrar en la Q3 pero asumiendo sacrificios, como partir décimos sin esas ruedas sin estrenar», indicaba el español.
El piloto de Ferrari consideraba que la calificación había sido «rara» y comentó que el objetivo para hoy es «sumar el máximo de puntos posibles». Incluso aventuró una situación idílica: «Hoy tenemos a nuestros máximos rivales primero y segundo, pero igual no acaban la carrera. Entonces pasaríamos de la tristeza a la alegría máxima».
Claro está, la carrera es poco menos que un avispero. Alonso la tildó de «complicada». El español subrayó que el hecho de salir tan atrás le condena a encontrarse con tráfico. Evidentemente esto incrementa el peligro de accidentes como el de 2008 y dificulta el cuidado de los neumáticos.
Vamos, que para un equipo y un piloto que casi creen en la maldición de Valencia, todo indica a que mira la carrera de hoy con recelo. «Estoy relajado», comentó Alonso. Mejor así. Y que no lleguen los Nakajimas, los coches de seguridad y los Kobayashi de turno.






