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De Elena a Bellea del Foc

HOGUERAS ALICANTE

De Elena a Bellea del Foc

24.06.12 - 00:18 -
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ALICANTE. Suena el despertador en una habitación del hotel Portamaris. Son las 8.00, todo lo más, las 9.00 y Elena García, Bellea del Foc 2012, ha dormido apenas tres o cuatro horas. En la cama de al lado, Carmen Campoy, delegada de Bellezas de la Federación de Hogueras de San Juan, se pone en marcha para dirigir con precisión el operativo de cada mañana. Siete chicas tienen que ducharse, desayunar, maquillarse y vestirse para estar listas cuando llega el coche oficial que las traslada a los actos del día. Todo ello en tiempo récord. Es un trabajo que no se ve, pero en el que se implica mucha gente de la Federación de Hogueras y en el que lo da todo Miguel Ángel Leal, estilista oficial de la Corte del Fuego. Es el proceso en el que Elena García se convierte cada día en icono, en Bellea del Foc.
La joven asegura que la «ilusión» y las «ganas de disfrutar» son los principales aliados con los que cuenta para aguantar con una sonrisa jornadas maratonianas sin desfallecer. No obstante, cuidarse es importante, empezando por la comida. «Desayuno a lo 'guiri'», señala, divertida. «Huevos revueltos, tostadas con tomate, fruta... Hay que alimentarse bien para tener reservas suficientes», añade.
También ayudan las «barritas energéticas, chocolatinas, galletitas y otros 'snacks'» que, reconoce, llevan todas a mano para dar algún bocado entre acto y acto, en el coche oficial. Eso y los complejos vitamínicos que todas toman, por recomendación de Carmen Campoy, desde que fueron elegidas. «Son imprescindibles para estar fuertes y tienen que tomarlas con tiempo para que les hagan efecto», explica la delegada.
Con el estómago lleno, es hora de que, por turnos, se pongan en las manos expertas de Miguel Ángel Leal para que las maquille y las peine. Los turnos están muy estudiados, dos chicas cada media hora. Las Damas tienen que subir a su hora a la planta cuarta, dado que ellas ocupan tres habitaciones dobles en la planta segunda. Elena está en la misma planta que Leal, pero antes de visitarle pasa a su habitación y se unta las piernas los pies con un gel frío, otra de las claves para aguantar todo el día con los tacones. «Creo que lo que más sufre con el ajetreo y el calor son los pies, por eso hay que cuidárselos», señala. En su botiquín también hay cremas para favorecer la circulación y todo tipo de productos milagrosos para paliar el cansancio.
Después de este ritual y de tomarse un 'Actimel', se pone las zapatillas de estar por casa personalizadas que le han regalado sus amigas y que tienen dibujada una bellea y su nombre, y se traslada a la habitación de Leal, donde está montado el set de maquillaje.
Lo primero, explica el estilista, es darles una ampolla revitalizante que les ayudará a que los productos se fijen sin acartonarse. Después, el maquillaje fluido para el día o en barra para la noche. Los polvos translúcidos para iluminar y el corrector se aplican en zonas determinadas y después les llega el turno a los ojos. «A Elena le va muy bien que se los intensifiquemos con sombras grises y tonos perla», indica Leal. Los labios, «muy naturales, cuanto más oscuros, peor», señala.
Llega la hora del peinado. La Bellea porta en sus manos una cajita con cientos de horquillas y la trenza postiza que rodeará al moño y se los va pasando diligente al estilista. Aunque parezca mentira, en apenas tres minutos Leal ha recogido el pelo de Elena en un moño perfecto. La clave, mucha laca para que resista: «Gasto casi medio bote por peinado», ríe el estilista. Y mucha horquilla, «entre 20 y 30 por moño».
A ponerle encima los 14 kilogramos que pesa la indumentaria de novia alicantina la ayuda Carmen. Lo primero son las medias, el cancán y la enagua, además de los pendientes y el collar. Es el único momento en el que Elena se queja un poco. Los pesados pendientes le han hecho una pequeña herida en la oreja y le cuesta llevarlos, pero lo afronta con resignación.
A continuación, se viste con el corpiño negro ajustado y la pieza estelar, la falda. Una distinta para cada ocasión. Con cuidado, se sienta para que Carmen le coloque la flor y la mantilla. Esta delicada pieza de encaje se deja cada noche con rulos entre los volantes, sujetos con pinzas, para que no pierda la prestancia que le da el almidonado. Un nuevo despliegue de horquillas la sujetan a la cabeza de Elena y ya solo faltan los últimos adornos, la banda y el broche, y los zapatos.
Elena se ha transformado en Bellea del Foc en aproximadamente 40 minutos y ha pasado de medir 1,80 metros a 1,92. «Es el comentario que más oigo a lo largo del día», apunta, «lo alta que soy».
Se mira en el espejo y Carmen le da el visto bueno con su experta mirada. Pero apenas hay tiempo para recrearse. En pocos minutos, suena el teléfono que las reclama para que bajen. El coche oficial la está esperando para llevarla al primer acto de la mañana. De allí, irá a la mascletà. Comerá sobre las 15.00 horas e iniciará la jornada de tarde, protagonizada por los desfiles.
La noche y buena parte de la madrugada es para visitar comisiones, relajarse, saludar a los festeros. Agotada, regresa al hotel para concederse unas pocas horas de sueño, hasta que suene el despertador.
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