Para la mayoría de los mortales, llegar a la universidad y sacarse una carrera es la mejor conquista a la que se puede aspirar tras una larga y no siempre fácil vida estudiantil. Aquellos que presumen de dos títulos suelen ir sobrados de voluntad o de ambición, el tipo de personas dispuestas a asegurar su futuro con un expediente académico que resista los vaivenes de la globalización. Los que osan a meterse en tres carreras o más ya entran en una categoría especial donde se hace difícil discernir si van de superdotados por la vida o han sido tocados por un raro virus a su paso por las aulas. A esta última categoría pertenece nuestro hombre, Michael Nicholson, un estadounidense de Michigan que a sus 71 años acaba de colocarse su birrete de graduación número 29 sin dar muestras de querer bajar los codos de manera definitiva. Con semejante marca, y decidido a matricularse en septiembre en una nueva carrera, nadie ha llegado jamás tan lejos desde que en 1963 empezara a coleccionar títulos a velocidad de vértigo.
Para dar una idea de la magnitud de la gesta baste decir que el segundo estudiante más aplicado -teniendo en cuenta el nivel de las materias y el prestigio de las universidades- es el chino Zhou Baokuan, que se ha partido la cabeza durante 35 años para terminar diez carreras. El afán por el conocimiento más que la pura competencia por figurar en lo más alto del 'Guinness' sobresale en las biografías del 'top ten' de estas personalidades 'devoracarreras'. El caso de Nicholson es especialmente llamativo porque presume de una situación económica modesta en un país donde las buenas universidades son caras. Pero si la mayor parte de su vida se la ha pasado estudiando, ¿cómo se las ha apañado para pagar las caras matrículas de EE UU? «He trabajado lo justo, siempre buscando pequeños empleos que me dieran para pagar mi educación», reveló a la cadena ABC. «Cuando, después de muchos esfuerzos, pude obtener mi jubilación hace unos años me sentí el hombre más feliz del mundo. ¡Por fin podía dedicarme a tiempo completo a la universidad».
La mayoría de sus títulos están relacionados con la educación en campos tan variados como el liderazgo educativo, la psicología escolar o biblioteconomía, pero también los hay de economía doméstica, educación sanitaria u orden público. El próximo reto es una licenciatura en justicia penal. «Me gustaría conseguir hasta 33 ó 34 títulos. Casi estoy ahí», dijo en la fiesta de su última graduación. «Cuando termine sentiré de verdad que he completado mi educación básica. Si después de esto estoy todavía vivo a los 80 ó 81, me sentiría libre de perseguir cualquier otro título», remata mientras deja escapar una amplia sonrisa.
El temprano interés de esta lumbrera por la educación le vino de la insistencia de sus padres para que fuera una persona «bien educada». Él, un canadiense que había dejado la escuela a edad temprana para trabajar; ella, un poco más afortunada porque pudo finalizar al menos el bachillerato.






