Los entrenamientos y la carrera del Gran Premio de Europa se disputarán en seco, bajo un sol radiante y con altas temperaturas. Ayer Valencia amaneció bajo un manto de nubes, llovió por la mañana y no hubo claros en todo el día. De esta guisa ultimaban los organizadores del Valencia Street Circuit todos los detalles.
La semana pasada, fuentes cercanas a la dirección de carrera reconocían la posibilidad de que por primera vez en cinco ediciones, el Gran Premio de Europa en Valencia se corriera con lluvia. Y se remarcaban los riesgos: las características del asfalto urbano valenciano provocaría que el agua tardara más en desaparecer, incrementando seriamente la posibilidad de una bandera roja que diera por finalizada la carrera sin completar la totalidad de las vueltas de las que se comprende el gran premio.
El anticiclón que ya domina el este de la Península Ibérica asegura para el fin de semana un tiempo veraniego, con sol, cielos completamente despejados y altas temperaturas. Este es el escenario que las doce escuderías de la parrilla de la Fórmula 1 imaginan a principio de curso cuando programan el gran premio valenciano y la lluvia de ayer les ha dado un respiro para volver a darles la razón.
Mañana, hasta mediodía, el poniente podría hacer acto de presencia en la ciudad, aunque con el paso de las horas se impondrá una suave brisa que dejará los termómetros en torno a los 28 grados. El mercurio oscilará entre los 26 y los 30 durante todo el fin de semana.
«En este gran premio esperamos temperaturas altas, tanto de ambiente como de asfalto, lo que condicionará mucho la degradación de los neumáticos y la estrategia. Será interesante comprobar si la mejora en la degradación de ruedas experimentada en las dos últimas carreras es real o si ha sido un hecho condicionado más por el tipo de circuito», explicaba ayer Pedro Martínez de la Rosa en referencia a la «poca adherencia» que tienen los neumáticos en Valencia.






