
Cada vez menos y peor. Los niños de hoy en día tienen poco tiempo para dedicar al juego porque, entre otras cosas, las actividades extraescolares supeditan sin piedad el ritmo al que discurre su escaso tiempo libre.
Pero, además, el 33,6% de los chavales juega habitualmente sin ningún tipo de compañía, según revela el primer estudio que se ha realizado sobre el binomio familia-juego, elaborado por la catedrática de Teoría de la Educación de la Universitat de València, Petra María Pérez.
«Son datos muy preocupantes. Los niños juegan más con adultos que con otros niños de su edad, entre otros motivos, por la individualidad de la vida, que nos lleva a relacionarnos poco con los vecinos, cuando antes estos eran los amigos naturales por esa continuidad que había entre la casa y los lugares de juego», señala Pérez.
De hecho, únicamente un 4% de los chavales juega habitualmente con sus vecinos. Y aunque el 63,8% lo hace con sus hermanos, «la diferencia de años que suele haber entre ellos es un hándicap».
Pero tampoco juegan mucho con compañeros y amigos, a pesar de que el 78,7% confiesa que lo que más le divierte es estar con otros niños. «Pero la mayoría sólo pueden hacerlo en el patio del colegio, y ese es poco tiempo y espacio». El 59,1% juega con las madres y el 53,2% con los padres antes que con otros menores de su misma edad.
También han perdido la calle como un lugar para disfrutar. «El juego en ese contexto es prácticamente inexistente. La culpable es la propia sociedad. Incluso cuando reforman una plaza se coloca una placa para prohibir que jueguen».
Fomento de la soledad
Así que su tiempo libre lo disfrutan encerrados en casa y arrinconan los juguetes tradicionales por las videoconsolas y otros juegos electrónicos. Además, estos últimos se usan desde edades muy tempranas, entre 3 y 5 años. «Los progenitores los consideran un instrumento sencillo para que se entretengan aunque fomente la soledad de los pequeños». Sobre todo para los varones, porque a esa temprana edad las niñas siguen prefiriendo los peluches y las muñecas.
Aunque los padres son conscientes de lo importante que es el juego para sus hijos, de que lo que más les divierte es jugar con otros niños, de que el juego les ayuda a madurar y la mayoría destina un espacio en la casa para que lo hagan (67,6%)... luego en la práctica las cosas no son así. «Y esa disfuncionalidad afecta al menor», recalca Petra M.ª Pérez.
De lunes a viernes los niños juegan poco. La mayor parte de los que lo hacen dedican como mucho una hora. No obstante, cuando llega el fin de semana invierten más tiempo ya que más de la mitad supera las cuatro horas.
Pero aunque juegan más... lo hacen entre las cuatro paredes de casa, en concreto el 36,7% de los niños valencianos. Y cuanto más mayores son los padres, más juegan los niños sin salir al exterior. Al igual que cuanto más hijos tienen.
El resto del tiempo del fin de semana lo dedican a a hacer actividades al aire libre (73,4%), reunirse con la familia (55,8%) o a ir a algún espectáculo o al cine acompañados de sus padres y madres (16,5%).
«La cantidad de juego es claramente insuficiente. Los niños necesitan relacionarse con otros menores para su desarrollo integral y no sólo para divertirse porque el juego socializado es lo que permite el mayor desarrollo de competencias emocionales y sociales», resalta la experta.
En cuanto a los estilos educativos, los padres son los que en mayor medida fomentan la libertad y autonomía (17,3%) frente al 12,5% de madres. Ellas siguen siendo las que mantienen la mejor comunicación con los hijos, las que negocian más con las normas de convivencia, mientras que ellos son los que ejercen más control.








