Hay tenistas con mucha clase. Hay jugadores capaces de disputar grandes encuentros y de encadenar varias victorias consecutivas. Y luego está Rafael Nadal Parera, un tenista excelso que ayer redujo en la primera semifinal de Roland Garros a David Ferrer, que llegaba a la penúltima ronda habiendo cedido únicamente un set en todo el torneo. Así se metió el balear en su séptima final en París, con una victoria por 6-2, 6-2 y 6-1 en una hora y 46 minutos. De esa forma, el manacorense está ya a un paso de conquistar su séptimo Roland Garros y convertirse en el mejor jugador de la historia sobre tierra batida.
Nadal arrolló a Ferrer para citarse en la lucha por el título con Novak Djokovic, que mañana disputará su primera final del segundo Grand Slam del año tras superar a Roger Federer por 6-4, 7-5 y 6-3. Después de derrotar al serbio en las finales de los Masters 1.000 de Montecarlo y Roma, sobre tierra batida, y de superar así la barrera psicológica que le acogotaba ante el número uno del mundo, el balear está ya preparado para una nueva conquista histórica y superar el récord de seis títulos del sueco Björn Borg en Roland Garros.
Ferrer presentó batalla solamente en los cuatro primeros juegos. Porque dos bolas de break cambiaron el encuentro para él. Dos oportunidades de romper el saque del número uno del mundo sobre tierra batida que desaprovechó. En principio no parecía excesivamente importante. En teoría, si el javiense proseguía ese nivel de juego, llegarían más oportunidades. Pero perdonar ante Nadal tiene consecuencias. La primera de ellas, una rotura de servicio inmediata del balear y en blanco. Y esas represalias fueron a más. Porque tras conseguir cerrar su servicio con comodidad, volvió a dejar al alicantino sin hacer un solo punto con su servicio.
Era su partido. Flotaba sobre la pista y pasaba por encima del de Jávea desde el fondo de la pista. Devolvía bolas imposibles. Apenas erraba. Y, obviamente, la desesperación invadió a Ferrer. Era incapaz de cerrar los puntos y fallaba mucho más de la cuenta. En definitiva, tenía un problema: en lo que él es bueno, Nadal es aún mejor. Y se demostró en los cinco juegos consecutivos que hizo el manacorense para cerrar la primera manga.
Sin embargo, Ferrer tuvo suerte. En la segunda manga, con 4-1 para Nadal, cuando el alicantino estaba más desbordado, la lluvia le dio una tregua. Y en Roland Garros, uno de los torneos más prestigiosos del mundo, donde no hay ninguna pista cubierta, en uno de los encuentros más importantes del año, se tuvo que suspender el partido.
Pese a ese parón de más de 45 minutos, tras la reanudación Nadal siguió a lo suyo. Sin perder un solo punto con su primer saque en el segundo set cerró la manga. Y sin ofrecer la más mínima sensación de debilidad se metió en una nueva final en París. Pero no es una más, ya que si gana agigantará aún más la leyenda de un tenista único.
Las italiana Sara Errani, que entrena en Valencia, ganó ayer el torneo femenino de dobles junto a Roberta Vinci. Las transalpinas derrotaron a las rusas Maria Kirilenko y Nadia Petrova por 4-6, 6-4 y 6-2. Errani juega hoy la final individual frente a Sharapova.




