El Ministerio Fiscal ha solicitado un pena de siete meses de prisión y un año de libertad vigilada con tratamiento psiquiátrico para una mujer acusada de sustraer la obra 'El Santero de la Cofradía' de Joaquín Sorolla en el Museo Benlliure en abril de 2010.
El abogado de la acusada ha aceptado la condena en ausencia de la procesada, que no ha comparecido a la vista. Una circunstancia que es posible cuando las penas no sobrepasan los dos años de prisión.
La fiscal ha modificado en sus conclusiones la pena de dos años de cárcel que solicitó en las calificaciones previas y las ha rebajado hasta los siete meses.
Además, la responsable ha añadido el año de libertad vigilada con tratamiento psiquiátrico externo, debido a que la acusada sufre una minusvalía psíquica. En concreto, la mujer padecería un trastorno obsesivo compulsivo.
La vista se ha celebrado en el juzgado número 4 de lo penal de Valencia, con la ausencia de la acusada, que no tendrá que pagar ninguna multa.
El concejal de Administración del Ayuntamiento de Valencia, Vicente Igual, declaró durante la vista que el cuadro no ha sufrido daños por lo que el ayuntamiento, que es el actual propietario de la tabla, no reclama nada a la procesada.
Los hechos se remontan a la mañana del 3 de abril de 2010 cuando la acusada acudió al Museo Benlliure de Valencia, y después de visitar varias salas, llegó a la sala Sorolla en la que descolgó el cuadro 'El Santero de la Cofradía', según el relato fiscal.
Dedicatoria a Benlliure
Este óleo de Sorolla pintado en 1913 es de pequeñas dimensiones --13 por 19 centímetros-- y lleva una dedicatoria «a Pepito Benlliure». La acusada, tras aprovechar que la zona donde está el cuadro quedaba en un ángulo muerto de las cámaras, le quitó el marco y se guardó el óleo bajo la ropa. El cuadro fue recuperado por la Policía Local en colaboración con la Policía Nacional en marzo de 2011. Los hechos que se han juzgado son constitutivos de un delito de hurto.
LAS PROVINCIAS ya entrevistó a la autora de los hechos a las pocas semanas de recuperarse la obra. La mujer confesó que había robado la tabla como venganza con el sistema judicial. «Me lo llevé porque estaba dolida con la justicia, pero yo no soy ninguna delincuente».













