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«No vivimos de un título»

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«No vivimos de un título»

Carla Royo-Villanova, que ahora prepara un libro sobre el optimismo, revela que hipotecó su casa para montar su negocio de cosmética

02.06.12 - 01:04 -
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Sostiene Carla que «las mujeres estamos más capacitadas que los hombres para hacer varias cosas a la vez». Lo dice quizá por experiencia, porque ella es de las que no paran. «Me lío yo sola», reconoce. Madre de tres hijos, propietaria y principal gestora de un negocio de cosmética que hace cuatro años levantó de la nada y ya tiene 400 puntos de venta, a esta hiperactiva mujer aún le queda tiempo para escribir libros, participar en tertulias e incluso apoyar y potenciar el deporte en la infancia. Este fin de semana se celebra en Blanes (Girona) la cuarta edición de otra de sus iniciativas, el Trofeo de Vela Carla Bulgaria Roses Beauty, una regata de Optimist en la que compiten unos 70 chavales de toda España.
Carla es además princesa de Panagiuristhe por su matrimonio con Kubrat de Sajonia Coburgo-Gotha, tercer hijo del rey Simeón de Bulgaria y de Margarita Gómez-Acebo. «El título es precioso -admite-, me siento muy orgullosa de él y para mí es un honor pertenecer a esta familia tan maravillosa pero no deja de ser un título. Y nosotros no vivimos de él. Mi marido vive de su trabajo como cirujano de colon y recto en el hospital San Camilo de Madrid. Se va a las siete de la mañana de casa y vuelve a las once de la noche».
Extrovertida y cercana a la hora de hablar de sí misma, Carla se torna cautelosa ante la menor alusión a la crisis actual de la monarquía española. «Lo estoy viviendo con sorpresa y con preocupación. Pero creo que los ciudadanos también tienen derecho a opinar y hay que escuchar a todo el mundo». Aclara que es su marido, más que ella, quien mantiene contacto con los Urdangarin. «Están preocupados, es lo único que puedo decir. ¿Pero quién no lo estaría en una situación semejante?». La misma discreción demuestra al referirse a su cuñado, Kardam, postrado desde que sufriera, a mediados de agosto de 2008, un accidente de coche al colisionar su Jaguar contra un árbol. «Poco a poco va hacia adelante, pero es un proceso largo. Sobre todo está muy bien cuidado por mi cuñada Miriam, que es un ejemplo de mujer».
La familia para Carla es lo primero. Cuando su padre se prejubiló ella lo implicó en su nuevo negocio pidiéndole que fuera a Bulgaria a visitar empresas de cosmética. Sus padres se separaron hace tiempo y ella tiene cuatro hermanos, el menor, de 14 años, es fruto del segundo matrimonio de su padre. Tras haber publicado libros sobre la maternidad, el saber estar y cómo recibir en casa a las visitas, Carla prepara ahora uno a medias con su hermana Guillermina. «Va a ser un canto al optimismo y a la positividad», adelanta.
Nieta de pasteleros
Mostrarse positivo y optimista, con la que está diluviando, es algo que muchos no pueden permitirse, sin embargo Carla se sacude la imagen de niña bien ajena a la crisis con un rotundo «Ay, si yo te contara... Cuando hipotequé mi casa para montar mi empresa hubo muchos meses en los que miraba a mis hijos muy preocupada, porque mi casa estaba en el banco, entregada como aval del negocio para conseguir que nos dieran una línea de crédito. La gente que lo haya experimentado sabe bien de lo que hablo. Es muy agobiante». Aún así, esta vallisoletana de origen vasco (Urrestarazu es su segundo apellido) reconoce gozar de una posición privilegiada. Su bisabuela fundó Arrese, una de las pastelerías más famosas de Bilbao y, de niña, Carla gozaba metiéndose en el obrador «para empaquetar en celofán las famosas trufas y también haciéndole el recuento de las ventas a mi abuela».
Fiel a sus raíces, guarda en su mesilla de noche un tesoro: arena de la playa de Berria, en Santoña, el paisaje de los veranos de su infancia y de la de sus hijos. Mirko, el mayor, ya tiene 17 años, Lucas, 14 y Tirso, «casi diez». «Tener adolescentes en casa no es fácil -admite-. Mis dos mayores están de momento tranquilitos, aunque en esto nunca puedes relajarte. Mirko quiere ser cirujano como su padre. Lucas estudiará algo de ciencias...». En cuanto a Tirso, el pequeño, adora la cocina y el fútbol. «Dice que de mayor va a poner un restaurante que se llame 'Casa Tirso' y que va a ser cocinero de lunes a viernes y futbolista los fines de semana», ríe Carla. El niño parece haber heredado el espíritu emprendedor de su madre, una mujer que asegura: «Si emprendo algo voy a muerte, luego no quiero pensar que no tuve narices».
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Carla levantó de la nada un negocio de cosmética que ya tiene 400 puntos de venta. :: R. C.

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