Diez de la mañana del domingo. En el aeropuerto de Manises, Alba Ojeda -la niña de Torrent que sufre parálisis cerebral- y sus padres aguardaban la salida de un avión. La familia emprendió ayer un largo viaje para que la pequeña sea tratada de su dolencia.
A esa misma hora, en el cauce del Turia, 150 corredores esperaban el pistoletazo de salida de una carrera solidaria a favor de la pequeña. Los tapones de plástico de los más de cuatrocientos botellines de agua que se bebieron después se recogieron para la causa de la niña.
«Hemos entregado ya cinco toneladas y otras tantas que están almacenadas para entregarlas próximamente. Por eso todo lo que recojamos hoy es bienvenido. Cuantas más acumulemos, mucho mejor», explicaba su abuela, Pasión Alba Quiñones.
Y es que, gracias al proceso de reciclaje, estos tapones se convierten en el dinero que la pequeña necesita para financiar el tratamiento médico que le permita tener una vida mejor.
«Lo que más me gustaría es verla bien... Pero si no vuelve a andar nunca que al menos pueda pedir agua cuando tenga sed y que se defienda algo por sí misma. Verla tan desvalida te rompe el alma», cuenta su abuela, al tiempo que, al borde de las lágrimas, confiesa que nunca jamás en su vida hubiera imaginado tener que vivir una situación tan amarga como esta.
Desde hace meses se han organizado muchas iniciativas ciudadanas para lograr ese objetivo. Como la de ayer. Impulsada por la Federación de Trabajadores Independientes del Comercio (Fetico) desde luego no fue una carrera popular más.
La entidad confió en el buen hacer de 7 Cimas Gandia, que además de actividades lúdicas, instaló un stand para el proyecto de Alba 'Por ti late más fuerte mi corazón' y puntos de recogida en los que cualquier ciudadano pudo depositar sus tapones.
Como Rosa Ana, corredora habitual que, además de completar los seis kilómetros de la prueba, entregó unos cuantos recogidos durante toda la semana. «No supone ningún esfuerzo ir recopilándolos y si podemos ayudar, pues mucho mejor», relataba satisfecha mientras recuperaba el aliento.
Otros, menos aficionados a calzarse zapatillas y pantalón corto habitualmente, hicieron un esfuerzo y se empaparon de espíritu deportivo para ayudar a Alba. Como Chema, que a pesar de no ser corredor habitual no se lo pensó cuando un amigo -uno de los organizadores- se lo propuso.














