Más de 300.000 españoles han salido de España desde que comenzó la crisis económica. Unos cuantos han volado a Noruega, un destino atractivo por su alto poder adquisitivo y sus bajas cifras de desempleo -3%-. Pero sigue sobrando gente para trabajar. Lo va a comprobar Adela Úcar, que monta el campamento base de '21 días' en Oslo. El reto, encontrar trabajo.
El 'docu-reality' de Cuatro, producido por BocaBoca, estrena esta noche -a las 00.15 horas- una nueva entrega con españoles que se han exiliado a la capital noruega en busca de un salario que aquí no les dan. El desconcierto de la llegada, las dificultades para asentarse en un país donde hablan otro idioma, las estrecheces de los inmigrantes, condenados a vivir en pisos patera para ahorrar... escriben el guión de la nueva aventura de Úcar.
'21 días' en Oslo sigue la estela de historias de crisis que tantas horas están llenando en televisión. Son uno de los temas recurrentes en 'Comando actualidad', el programa de reportajes de calle de TVE (hoy a las 22.15 horas en La 1), sin olvidar que el otro día Jordi Évole anotó una cifra de récord para La Sexta -2.155.000 espectadores y un 11% de cuota de pantalla- con su reportaje 'España, ¿al borde del rescate?' en 'Salvados'.
El gancho de '21 días' vuelve a ser las historias con nombre y apellido, como la de Rocío, una española que se mudó a Oslo con su marido y sus dos hijos porque aquí no les salía nada. Sobreviven en un apartamento de 30 metros cuadrados que pagan gracias al sueldo de él, que trabaja limpiando 16 horas al día sin librar los fines de semana y han tenido que ir a pedir ropa y comida a la beneficencia. «Dejar a un padre y a una madre enfermos y tener que irte es lo peor que hay. Pero teníamos que emigrar porque era venir a Noruega o hundirnos», explica.
Otro que tira abajo el mito de la calidad de vida de los noruegos es Antonio. Tras quebrar la empresa de construcción en la que trabajaba, se fue a Oslo y dejó en España a sus hijos. Apenas sabe inglés y muy poco noruego, así que no aspira más que a empleos esporádicos limpiando baños y oficinas. Vive en un piso patera con diez personas y duerme en una litera, por la que allí se llega a pagar hasta 300 euros mensuales. «Este mes no voy a cobrar ni 500 euros y no llego para pagar la habitación. A veces me pregunto qué es lo que hago aquí», confiesa.
La historia de Lorenzo y Loles es la misma, una 'huida' obligada: «En España no vemos que haya salida y creemos que Oslo era la mejor opción. Estamos gastando nuestra última jugada, el último cartucho».
Adela Úcar recorre el camino que antes han hecho Rocío, Antonio, Lorenzo y Loles y sale a la calle con el currículum en la mano. Solo encuentra trabajo limpiando camiones y recogiendo basura en un polígono industrial. Además, alquila una cama en un piso patera para pasar la noche, pero al llegar de trabajar descubre que la puerta de la habitación ha sido forzada y que en su interior hay un traficante de droga y un toxicómano, circunstancia que la obliga a dejar el cuarto y buscar otro lugar donde dormir.
También se acerca a la otra realidad, a la de los que les ha ido bien. Como a Estela, una joven que ha alcanzado el soñado bienestar del norte de Europa. Habla noruego e inglés y trabaja como dependienta en una zapatería. Vive con su pareja en un piso y gana 2.800 euros. «Estoy contenta y ahora disfruto el esfuerzo de haber estado lavando vasos por las noches en un bar. No se puede pretender tenerlo todo enseguida», afirma.






