La dirección de la empresa Fontestad de Museros, afectada desde el jueves por un incendio, tomó ayer las primeras medidas para garantizar «con absoluta normalidad» el suministro a sus clientes y garantizar el puesto de trabajo de cerca de 2.500 personas por temporada.
El fuego calcinó en pocas horas unas 10.000 toneladas de naranjas, 15 cámaras frigoríficas y todas las instalaciones de manipulación, selección y empaquetado de la fruta. La factoría de 45.000 metros cuadrados quedó arrasada, pero los bomberos lograron salvar las oficinas colindantes, y ayer mismo por la tarde ya funcionaban con luz, teléfonos y ordenadores en marcha.
Falta encontrar una nueva ubicación fabril para reanudar la actividad y atender los pedidos de los clientes. Mientras los bomberos extinguen los últimos rescoldos del incendio, la dirección de la factoría ya prepara las labores de desescombro y estudia cómo levantar otra vez el almacén destruido.
Javier Castellar, portavoz de la empresa, lanzó ayer un mensaje bien claro: la firma va a seguir adelante y atenderá todos sus compromisos. Castellar compareció en rueda de prensa junto a oficial jefe de guardia del Consorcio Provincial de Bomberos, Manuel Alonso. Una veintena de periodistas escucharon sus explicaciones junto a la nave todavía humeante.
El portavoz de la empresa manifestó que aún no se pueden valorar las pérdidas económicas y agradeció las muestras de apoyo recibidas por parte de «todo el sector agrícola y las instituciones». También destacó la entrega de los trabajadores que intentaron sofocar las llamas antes de que llegaran los bomberos, y expresó su satisfacción porque nadie resultó herido «gracias al buen funcionamiento de los planes de emergencia».
«Fontestad sigue adelante», aseveró Castellar tras confirmar que la compañía está buscando otro almacén con las mismas exigencias de calidad del siniestrado para servir mandarinas y naranjas a los clientes. Y a continuación negó rotundamente que la empresa se plantee poner en marcha un Expediente de Regulación de Empleo (ERE). «Sólo pensamos en servir al cliente y ayudar al trabajador», afirmó con semblante serio.
Alquilar almacenes
Tanto es así que, al tiempo que se reanudaba la actividad en las oficinas, se sopesaban diversas opciones para alquilar modernos almacenes citrícolas -que les han ofrecido- de firmas que en estos momentos no trabajan. Posiblemente, los responsables de Fontestad adoptarán una decisión al respecto este mismo fin de semana y consistirá en más de una salida. Una solución sería trabajar de inmediato en un almacén de cítricos -que funcionaba hasta hace unos días-, y otra, con mayor envergadura, pasaría por acondicionar bien las instalaciones a las necesidades de la firma y empezar con plenas garantías la próxima temporada, en septiembre.
Ayer mismo llegaron de Huelva 12 camiones con unas 240 toneladas de naranjas, que se han desviado a los almacenes de tres de las firmas citrícolas que se han ofrecido solidariamente para ayudar a Fontestad. Estas empresas cuentan con instalaciones en estos momentos donde ubicar la actividad adicional sin molestar a la propia. Son las centrales hortofrutícolas de Cañamás en Oliva, Bordils en La Llosa y Motilla en Carcaixent. Además, entre las tres van a prestar a Fontestad 300.000 cajones de campo para que pueda proseguir la recolección, y la correspondiente actividad de precalibrado de la fruta y almacenamiento en cámaras frigoríficas.
El oficial jefe del Consorcio de Bomberos explicó que la estructura de la nave seguirá «humeando» al menos dos días. «Ha quedado muy afectada y deberá ser demolida», señaló. También dijo que la intervención de los bomberos fue complicada por las dimensiones de la nave y por el derrumbe de parte de la cubierta. «Todavía queda fuego en algunas zonas, pero no hay más remedio que dejar que se queme», aseguró Alonso.
Preguntado por las causas del incendio, el mando de los bomberos afirmó que todavía se están investigando, aunque aclaró que el fuego se inició a media altura «en un palé de almacenaje de cartones». El humo que todavía emanaba ayer de la nave no era tóxico, y según Alonso, es decisión de los alcaldes de los pueblos de alrededor «aplicar alguna medida preventiva». El humo era blanco ayer por el efecto del agua y por la humedad de las naranjas deshidratadas.
Cuatro dotaciones de bomberos continuaban ayer trabajando en la factoría, donde también acudieron peritos de la compañía aseguradora Mapfre. Las condiciones meteorológicas eran desfavorables porque el viento no permitió que la nube de humo tomara altura y se dispersara más rápidamente. Según las empleadas, el incendio se extendió rápidamente. «Pensamos que se podría apagar rápido y volveríamos al trabajo», explicó Isabel García, pero en apenas unos minutos las llamas se propagaron por las cámaras aislantes de las paredes. El fuego también amenazó un depósito con 500 litros de gasoil.








