Pasear por el barrio Llamosí-Remonta es sumergirse en un pequeño pueblo que sobrevive dentro de la vorágine de la gran ciudad. A la orilla del mar y entre casas de dos alturas, se encuentra la falla Ramón de Rocafull-Conde de Alacuás. Desde la misma puerta del casal se observa un diminuto huerto donde todavía se cultivan cosechas para autoconsumo, muy cerca de la avenida de Los Naranjos. Por la tarde, los señores sacan las sillas a la puerta de su casa para tomar el fresco y charlar. Ser fallero en este ambiente idílico y tranquilo es todo un privilegio. Tienen todas las ventajas de pertenecer a la ciudad mientras huyen del estrés del centro.
Pasqual Vicent lleva 50 años perteneciendo a la comisión. Es el más veterano, junto a su mujer. Sienten tanta pasión por las fiestas que hasta se casaron vestidos de falleros en 1967. Ellos recuerdan que la idea de fundar una comisión vino de un grupo de vecinos. En la primera reunión no llegaron a ningún acuerdo, pero a la segunda cantaron bingo. En 1962, la falla ya era un sueño cumplido.
Romería a la Basílica
Desde entonces han pasado 50 años. En este 2012 celebraron el medio siglo. «Ha sido un ejercicio muy especial», comenta el presidente, Álex Collado. Fueron hasta la Basílica en romería vestidos con una camisa especial para la ocasión. «Quisimos agradecerle a la Virgen todo este tiempo juntos», dicen. También organizaron una gala de aniversario donde invitaron a todas las falleras mayores de la comisión y presidentes. Tras el evento celebraron una verbena conmemorativa. A su vez, se montó una exposición de fotografías para el recuerdo.
Natalia Ros ha sido la elegida para vivir el 50 aniversario como fallera mayor. Su ofrenda fue multitudinaria. Delante de ella desfilaron el resto de falleras mayores que han representado a Ramón de Rocafull-Conde de Alacuás a lo largo de su historia. Ella fue la última en pasar y nunca olvidará ese momento. «Me sentí muy afortunada», comenta la joven.
A pesar de los kilómetros de distancia que separan el casal de la exposición del ninot en Nuevo Centro, los falleros de la comisión del barrio Llamosí-Remonta siempre han hecho la vuelta de la recogida del ninot a pie. «Solemos ir en autobús y regresamos andando. La fiesta y la bebida nos sirven para aguantar la caminata», explica el presidente. Es un ritual que cumplen desde hacer años, incluso cuando la muestra se localizaba en La Lonja. El año pasado hubo un cambio en la política de la falla y empezaron a mejorar los monumentos. El grande se dedicó a la misma falla y a todo su recorrido en este medio siglo. El infantil lo planta desde hace más de una década el artista Álvaro Timoteo, que también es miembro de la comisión desde pequeño. «Creció a nivel profesional entre nosotros y ahora también trabaja para otros», afirman desde el casal.
No obstante, Ramón de Rocafull-Conde de Alacuás sigue primando el bienestar del fallero por encima de todo lo demás. «Hay fiestas todos los meses y al contrario de lo que ocurre en otras comisiones, aquí no hay tickets, tenemos barra libre», señala Álex. Además, el casal abre todos los fines de semana para el que quiera ir.
Los niños son su eje fundamental. Cuentan con 110 censados, lo que les augura un futuro prometedor. Ellos disfrutan con los playbacks infantiles y los talleres de la semana cultural. Miguel Ángel Rodríguez, presidente infantil, y María Penadés, fallera mayor infantil, se lo pasan en grande con todas las actividades.
La crisis les ha golpeado, nadie se libra. Afortunadamente, son una comisión de falleros fieles, algunos ya no viven en el barrio pero siguen perteneciendo a su comisión de toda la vida. No pueden despegarse del encanto del barrio Llamosí-Remonta.













