La actriz María Adanez se subirá el próximo 17 de mayo a las tablas del teatro Flumen dispuesta a aprenderlo todo sobre el sexo. Interpretará a Fanchon, una jovencita inocente que, de la mano de su prima Susanne (Cristina Marcos), tiene que descubrirlo todo sobre los placeres de la vida, en pleno siglo XVII francés, antes de que la ingresen en un convento. La vecina pija de 'Aquí no hay quien viva' se vestirá de época y, acompañada en el escenario por música en directo, abordará «uno de los temas tabú de la sociedad».
-¡Cuánto ha cambiado la mujer desde entonces hasta ahora...!
-Afortunadamente. En el siglo XVII francés las mujeres se casaban, se metían a novicias o, en el peor de los casos, eran cortesanas. No podían hablar de las mismas cosas que los hombres, no podían estudiar, ejercer una profesión...
-Pero en algunas sociedades aún siguen ocurriendo estas cosas.
-Es verdad. Hoy en día siguen pasando atrocidades como que prohiben a las mujeres estudiar. Cuando estábamos ensayando la función, hace un año, asesinaron a un profesor en Afganistán porque estaba educando a unas niñas, clandestinamente, en su casa. Le amenazaron varias veces hasta que le asesinaron un día delante de todas esas alumnas.
-¿Piensa que el sexo sigue siendo, hoy en día, un tema tabú?
-Todavía da mucha vergüenza, y aunque hoy las mujeres tienen mucha más información a través de Internet, ¿realmente hay educación sexual femenina? ¿los padres hablan con sus hijas sobre el tema?
-¿Usted lo hablaría con las suyas?
-[Risas]. ¡Estoy deseándolo!. Cuando tenga hijas prometo que les voy a enseñar muchas cosas. A lo mejor luego me dicen ellas: «Venga mamá, déjanos en paz, que te pires...», pero lo voy a intentar.
-¿Aboga por una sexualidad libre?
-Claro, que puedas hacer el amor con alguien y al día siguiente no tengas que decirle nada de nada. Tener una sexualidad libre es lo que nos igualará a los hombres. Ellos, como no se quedan embarazados, nunca tendrán ningún problema.
-¿Cuánta satisfacción le ha dado el teatro?
-En los últimos años, prácticamente toda. Por eso creo que no me voy a mover de las tablas nunca más. Todo el mundo me pregunta por la televisión y por 'Aquí no hay quien viva' (una época maravillosa en mi vida) pero ahora estoy en el teatro porque me está brindando los personajes más bonitos que he tenido, por ahora, en mi carrera.
-¿Más que la televisión?
-En televisión he hecho personajes maravillosos también, muy de comedia, pero el teatro me está dando la oportunidad de meterme en cosas mucho más complicadas y por eso me gusta. Para mí el teatro es riesgo, y yo lo comencé de la mano de Miguel Narros, con 'Salomé'.
-¿Alguna mujer luchadora en la que le hubiera gustado reencarnarse o alguna que le gustaría ser?
-Me viene a la cabeza mi madre. Ha sido una mujer muy luchadora y una valiente a la hora de tomar la decisión de separarse en una época en la que eso no estaba muy bien visto en este país. Salió adelante junto con sus tres hijas. En ese sentido ha hecho una generación de mujeres (mis tres hermanas y yo) bastante fuertes. Mi padre también era un bendito.
-¿Qué hizo que se decidiera finalmente a interpretar a Fanchon, en 'La escuela de la desobediencia?
-Que es un personaje delicioso, acompañado de un texto precioso de Paco Becerra y de un director espectacular que es Luis Luque. Son muchas cosas las que, al final, te convencen de una obra de teatro. A través del personaje de Fanchon se recupera la inocencia y la capacidad de sorprenderse, dos virtudes que parece que han desaparecido. Ahora el que es inocente y tiene la capacidad de sorprenderse es tonto. Parece que lo sabemos todo.





