No era una fiesta cualquiera para recaudar fondos para el Instituto del Traje del Museo de Arte Metropolitano de Nueva York (Met). Era la gala más esperada del año tras los Oscar. Y no defraudó. Hubo alfombra roja y por ella pasearon de tiros largos más de 800 celebrities acompañadas de los diseñadores más cotizados. Una noche de lo más glamourosa... y, por supuesto, destinada a que las 'fashionistas' no se perdieran detalle de un acontecimiento social organizado por la propia Anna Wintour (editora jefe de 'Vogue' e inspiradora del filme 'El diablo viste de Prada').
Valentino se colgó del brazo de Sarah Jessica Parker con un modelito de lo más floreado, mientras que Nicolas Ghesquière firmó el extraño vestido con el que Kirsten Stewart se ha ganado a pulso un puesto entre las peores de la noche junto a Beyoncé y su estilismo, firmado por Givenchy, y formado por un batiburrillo de transparencias, encajes y plumas. Tampoco convenció mucho Scarlett Johansson con un vestido con cuerpo de pedrería en nude y falda de tul de Dolce&Gabanna. Al contrario que Cate Blanchett, vestida de negro por Sarah Burton, o Amy Adams, con un blanquísimo Giambattista Valli Couture, que deslumbraron en una noche en la que la competencia contaba con un nivel altísimo y donde las espaldas y los escotes fueron las estrellas de la velada.
La que sí que dio la campanada con su modelito fue la maniquí Anja Rubik, vestida de Anthony Vaccarello, que dejó poco a la imaginación. Nada de ropa interior y una más que prominente cadera sobresaliéndole ha hecho furor en las redes sociales. Frente a semejante columna dórica, la tan traída pierna de Angelina Jolie en los Oscar se quedó pequeña.
Redondeó la noche la más que boyante recaudación: casi ocho millones y medio de euros. Una cifra récord.







