Eugenia Vegas estaba harta. Harta de no encontrar una gran variedad de productos sin gluten. Harta de pagar precios desorbitados por ellos. Harta de tener que mirar hasta la última letra de los ingredientes. Y optó por dar un paso al frente. Soltó la mano que asía la seguridad, su trabajo como auxiliar de veterinaria, y agarró la incerteza del negocio propio en tiempos de crisis.
Su aventura se llama La Celiaquería, un coqueto comercio que se ha convertido en un oasis para los celíacos y aquellos con otro tipo de intolerancias. Su mercado son sus semejantes, los que no toleran el gluten. «Yo soy celíaca y echaba de menos un sitio como éste, donde puedes hacer la compra al completo. En Valencia, al menos, no había otro igual».
No hay que buscar otros impulsos para entender que cambiara su vida acomodada por el cara o cruz de un negocio de estas características. «El año pasado empecé a pensar en hacerlo y, la verdad, no sé qué me animó a decidirme», reconoce. Pero el 10 de marzo ya estaba impecable esta especie de casita de muñecas para celíacos que es esta nueva tienda del Ensanche de Valencia.
Una mujer mayor abre la puerta y curiosea. Coge una caja de cereales y mira los ingredientes; luego se acerca a una bolsa de pasta, y al final se dirige a Eugenia y le pregunta si también tienen pan. «Recién hecho», replica con una sonrisa. «Pues esto está muy bien», añade la mujer, «volveré con mi hija, que es celíaca».
Mayor aún es el entusiasmo de los chavales que descubren este oasis sin gluten. «La gente está encantada porque hay productos que no encuentran en otro sitio y porque les ahorramos horas de leerse todos los ingredientes, pero los que más disfrutan son los niños, que dicen que esto es el paraíso y que, incrédulos, le preguntan a sus madres: '¿De verdad puedo comer de todo lo que hay?'».
En los estantes hay de todo lo que uno se puede imaginar: pasta, pan, bollería, cereales, miel, mermelada, galletas, tartas, 'cupcakes', golosinas... Que no todo son productos de primera necesidad, algo que, con mayor o menor variedad, tienen controlado todos los celíacos, aquellas personas que sufren serias complicaciones si ingieren esta proteína que se encuentra, sobre todo, en los cereales. Pero hay un problema añadido: aquellas panaderías que lo ofrecen corren el riesgo de que, al trabajar también el pan convencional con gluten, se contamine al mezclarse por accidente.
Eugenia Vegas es celíaca y sabe de lo que habla (y de lo que vende). «Es una enfermedad genética. La puedes desarrollar a los pocos meses de nacer, con algunos años o después de sufrir algún cambio, como, por ejemplo, un parto, que lo puede despertar. Te provoca hinchazón en el abdomen, diarreas, vómitos, reacciones cutáneas y hasta puede ocasionarte un cáncer intestinal». De ahí que, harta, inventara La Celiaquería.















