Al niño de la foto acaban de raparle. Lo han dejado mondo y lirondo, con una cabeza redonda y lisa que parece un planeta desconocido, tan pelada como esos huevos duros con los que su padre está dándole un masaje. Es lo que tiene ser chino: en todas partes hemos heredado costumbres de tiempos remotos, supersticiones que un día parecieron efectivas y hoy han quedado reducidas a folclore más o menos grotesco, pero en el país asiático acumulan rituales como para llenar varias enciclopedias. Si nos limitamos al terreno de la infancia y el cuidado capilar, veremos que es tradición esquilar a los bebés cuando cumplen el primer mes, para eliminar el 'pelo crecido en la matriz', y también comprobaremos que las barberías se llenan -en gran medida, de niños- el segundo día del segundo mes lunar, porque raparse en esa fecha da buena suerte. Algunos peluqueros incluso cobran precios especiales, ¡más caros! En cambio, es una pésima idea cortarse las greñas el primer mes del año lunar, porque nuestro atolondramiento puede causar la muerte de un tío materno.
Del misterioso masaje no aparece nada por ninguna parte. A ver si, en lugar de una rara práctica ancestral, hemos dado con un padre... tocahuevos.






