Hace una semana o así va y me crucé con el diputado y compañero de columna Gil Lázaro y, mientras nos encendíamos unos cigarrillos, tuvo la amabilidad de informarme acerca de una novedad que me interesó de inmediato: «Hombre Ramón, acaban de publicar 'Bajo el signo de la esvástica', de Chaves Nogales, a quien últimamente citas mucho en tus artículos». No sé qué me gustó más, si que me leyese la mar de aplicado o si averiguar que tenía a mi disposición (bueno, pagando un módico precio) una nueva ración de prosa de Chaves Nogales virgen para satisfacer mi perverso paladar. Le agradecí el soplo y me largué a comprarme el libro con aire de fiesta pegado contra la chepa porque todo lo de este autor me encanta.
Conviene celebrar, de entrada, la recuperación de uno de nuestros mejores periodistas del siglo XX. Tras un injusto olvido cada vez somos más los que gozamos descubriendo su obra. Chaves Nogales, Gaziel y Pla poseían un ojo clínico para anticiparse a la jugada política que vendría. Mostraron un olfato y una perspicacia insuperable. Percibieron los tiempos lóbregos que sacudieron los cimientos de su mundo y se dejaron embarrancar con la grisura posterior. Chaves Nogales murió de pena o así en Inglaterra tras huir de los nazis cuando, precisamente, estaba en Francia escapando de la barbarie de nuestra guerra civil. Fundamental para romper el maniqueísmo imperante es su libro sobre nuestra pavorosa contienda 'A sangre y fuego'. Espectacular, también, su ensayo sobre la rápida caída de Francia frente a las tropas alemanas titulado 'La agonía de Francia'. Al vivir, en materia cultural, bajo el yugo anglosajón, a Chaves Nogales apenas se le conoce fuera de nuestras fronteras, pero sus diagnósticos son un documento de primer orden para entender aquellos tiempos salvajes de siniestras empanadas mentales que desembocaron en baños de sangre. Su inteligencia, de nuevo, se refleja en estos largos artículos fruto de su estancia en Alemania en el año 33, justo antes de que Hitler consiga el poder absoluto. Chaves Nogales retrata el virus nazi extendiéndose en la pulcra y culta sociedad teutona, y describe la persecución a lo judíos, y advierte sobre el peligro de los campos de concentración. Merodea a pie de calle, pulsa el ambiente y siente la calamidad que llegará. Incluso entrevistó al imbécil de Goebbels. En fin, un libro imprescindible para los amantes de la buena literatura que nacía de aquel rico periodismo de antaño. Gaziel, Pla, Chaves Nogales. Joder, qué buenos eran los tíos. Y cómo les arrebataron los sueños.






