FOTOS: Así ha sido la macrofiesta
Legiones de universitarios armados con neveras portátiles a rebosar, cubos repletos de hielo y bolsas isotérmicas enfilaban la avenida del Puerto y los alrededores del Grao para tomar la plaza festiva prevista. Eran las doce y veinte del mediodía cuando las puertas de la macrofiesta privada, ubicada en el solar frente a los tinglados del puerto, se abrían ante la algarabía general y, con ellas, arrancaban diez horas ininterrumpidas de música, paella y alcohol para divertir a 10.000 personas.
La bautizada como «Live Spring Valencia» (fiesta de la primavera), organizada por la empresa especializada en eventos Babalú Group, arrancaba con un fuerte dispositivo de seguridad privada, 30 personas repartidas por todo el recinto, tres ambulancias y un centro de asistencia de la Cruz Roja, además de tres brigadas de limpieza para retirar la basura de los alrededores.
Los primeros controles en un itinerario vallado obligaban a los 'festeros' a retirar los tapones y no acceder al recinto con botellas de cristal. Podían entrar con comida y bebida, aunque el precio de la entrada (de 10 a 20 euros) incluía un plato de paella y medio litro de cerveza, según apuntaban fuentes de la organización.
Tres escenarios (tecno-house, karaoke y música comercial) tenían la misión de entretener a los jóvenes que bebían sobre todo sangría y portaban camisetas temáticas, según su facultad, con frases como «Activo busca pasivo para cuadrar balance» o «Se me ocurren muchas cosas para hacer en el huerto, ¿te las enseño?», en el caso de los agrónomos. «Para estar en la calle haciendo botellón, yo prefiero venir a un sitio cerrado y vigilado donde poder divertirnos sin molestar», decía Javier, vaso de 'calimocho' en mano. Estudiantes de cuarto y quinto curso de Ingeniería de Caminos llegaban pertrechados con 23 litros de bebida para 13 personas. «Puede ser un rollo para los vecinos pero es sólo un día, tampoco estamos dos meses aquí», alegaba Claudia. Lo cierto es que algunos residentes se acercaban ayer a la 'zona cero' festiva con curiosidad y opiniones diversas. «He escuchado la música y he venido. A algún sitio tendrán que ir y mejor que estén en un recinto cerrado que ensuciando la calle», espetaba una vecina.
El representante de medio ambiente de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Valencia, José Antonio Barba, fue de los más críticos al denunciar la entrada de jóvenes sin que se les pidiera la documentación para confirmar que eran mayores de edad. «Acabamos de ver cómo no se estaba pidiendo el DNI, los decibelios han aumentado conforme avanzaba la tarde y se han registrado ya dos comas etílicos. Pensamos que no es lo mejor fomentar el consumo masivo de alcohol». La parte positiva es «el convenio firmado por la organización con la empresa de limpieza Secopsa y, de momento, esto sí que esta funcionando muy bien».
El dispositivo policial fue constante y el concejal de Seguridad Ciudadana del Ayuntamiento de Valencia, Miquel Domínguez, se personó para seguir de cerca el desarrollo de la fiesta que ayer por la mañana recibía la última autorización necesaria de la Conselleria de Gobernación para celebrarla sobre unos terrenos propiedad de Adif.
En torno a las cinco de la tarde varios policías tomaban mediciones con sonómetros tras la advertencia del concejal a la organización de que se había incrementado el número de decibelios y que se debía bajar el volumen de la música ante la amenaza de cierre.
La alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, señaló que los universitarios «hagan la fiesta de la paella me parece magnífico, otra cosa es que no sea la fiesta de la paella». Asimismo, apostó por «redoblar» los esfuerzos policiales en casos como éste para evitar molestias.
El presidente de la Asociación de Vecinos Grau-Port, Jesús Vicente, a pesar de que no compartía la promoción de este tipo de fiestas resaltó que, gracias a la presión vecinal y a la vigilancia policial desplegada, «el tema estaba bastante controlado». Un punto de Controla Club en el recinto repartía a los jóvenes dípticos con consejos para divertirse sin abusar del alcohol y hacía una encuesta a los participantes. «El 92,6% dice que prefiere un recinto cerrado y en condiciones, sin tener que molestar a nadie, y hoy hemos visto que esa alternativa es posible. Habrá que encontrar futuros espacios en la ciudad», detalló su presidente Vicente Pizcueta. Para algunos vecinos de las fincas colindantes al solar del Grau, la fiesta no les convenció y así lo mostraron con carteles donde podía leerse «Fuera macrobotellón».
El delegado de alumnos de la Universidad Politécnica, Antonio de las Hoces, destacó la buena «organización» del evento y la firma impulsora lo calificó de «éxito rotundo». El estreno se exportará ahora a otros lugares de España.














