España ha vuelto a adentrarse en el oscuro túnel de la recesión económica, al encadenar dos trimestres consecutivos de descenso de la actividad. El Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó ayers su estimación sobre la evolución de la economía en el primer trimestre de 2012, que revela una caída del producto interior bruto (PIB) del 0,3% respecto del último cuarto de 2012, retroceso que iguala al registrado en el último cuarto de 2011. En términos interanuales, el PIB nacional descendió un 0,4% en comparación con enero-marzo del año pasado.
El anuncio supone la confirmación de una degradación cuyos efectos se notan desde hace tiempo en forma de caídas de ventas, del consumo y de la inversión.
Estadística atribuye esta segunda vuelta de tuerca de la crisis al descenso de la demanda nacional, otrora motor del crecimiento. Su debacle fue compensada, aunque sólo en parte, por una contribución positiva del sector exterior. Las exportaciones todavía aportan crecimiento, aunque cada vez menos vigoroso porque empiezan a dar síntomas de agotamiento. Y eso que los bienes y servicios españoles son ahora más competitivos en el exterior por las bajadas de salarios y las reducciones de costes aplicadas.
A falta de que el INE de a conocer el 17 de mayo la evolución de cada sector, el Banco de España ha dado algunas pistas sobre el origen del retroceso del PIB. La reducción del consumo de los hogares y de las administraciones públicas y la merma de la aportación exterior. Las empresas, confirmó el regulador, están viendo limitada la válvula de escape a la crisis que entre 2009 y 2011 supusieron las ventas fuera.
La gran interrogante, y a la vez la mayor fuente de inquietud, es cuándo tocará fondo la actividad, dada la magnitud de los desplomes previstos por el Gobierno y por los analistas. Juegan en contra de la economía los duros ajustes de gasto y la presión sobre las rentas de los hogares en forma de subidas de impuestos y encarecimiento de servicios básicos, factores que estrangulan todo atisbo de mejora.



