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Lady de Olmedo

La abogada española se ha convertido en una influyente ejecutiva que cobra 850.000 euros al año por asesorar a empresas que traen de cabeza a su marido, el viceprimer ministro británico

29.04.12 - 00:35 -
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Inteligente, sexy, glamurosa, abogada de altos vuelos, pero también fría, calculadora y pragmática. Son algunos de los calificativos que los ingleses dedican a la vallisoletana Miriam González Durántez (Olmedo, 1968). Los británicos se sienten atraídos por el magnetismo que destila la esposa del viceprimer ministro, Nick Clegg, en el punto de mira de la prensa desde las últimas elecciones de 2010, en las que el presidente del Partido Liberal Demócrata aspiró a ocupar el número 10 de Downing Street y se reveló como posible alternativa a 'torys' y laboristas. Desde entonces, la prensa no ha quitado ojo a la prestigiosa abogada que desechó participar activamente en la campaña electoral de su marido, en contra de lo que hicieron las esposas de David Cameron o Gordon Brown. No podía permitirse el lujo de solicitar una excedencia de cinco semanas.
Miriam González es una ejecutiva de renombre internacional, muy cotizada por su dilatada experiencia como consejera en asuntos de energía, comercio y telecomunicaciones. En la Unión Europea, y desde Bruselas, asesoró a los comisarios de Exteriores Chris Patten y Benita Ferrero-Waldner en las relaciones comerciales con Estados Unidos, Oriente Medio, América Latina y los países mediterráneos. También negoció el acuerdo de telecomunicaciones con la Organización Mundial de Comercio (OMC). Ha trabajado para algunas de las principales compañías financieras a las que aconsejaba en asuntos legales relacionados con la exportación, sanciones o subvenciones y, en los últimos seis años para la firma DLA Piper, que dejó a finales del pasado año para incorporarse a la americana Dechert.
Todo ello se traduce en una gran capacidad de influencia sobre los gobiernos de turno -dicen que estas empresas actúan como 'lobbys' o grupos de presión- y en unos ingresos anuales próximos a los 700.000 euros, a los que hay añadir, entre otras cosas, los más de 100.000 que ingresa por ser miembro, desde junio de 2010, del consejo de administración de la empresa de energías renovables Acciona. Una cifra que nada tiene que ver con la de su esposo, que como viceprimer ministro apenas cobra 180.000 euros anuales. Un alto salario el de Miriam y, también, muchos quebraderos de cabeza: los tabloides británicos critican posibles conflictos de intereses al estar casada con el número dos del Gobierno.
'The Telegraph' publicaba hace unos días a toda página que Miriam González había asesorado a la multinacional estadounidense de la alimentación Kraft en la adquisición del gigante británico de golosinas Cadbury. Una costosa operación comercial que Nick Clegg condenó en el Parlamento al acusar a Kraft de «robar» al país por haber suprimido numerosos puestos de trabajo y de racanear el pago de impuestos. Pero esas críticas las hizo a principios de 2010, cuando solo era diputado. Tanto el partido de Clegg como el Ejecutivo han asegurado que Miriam no hizo nada ilegal. «Una cosa es asesorar y otra participar en las decisiones», aclara un político inglés amigo de la abogada que prefiere omitir su identidad.
La cosa no queda ahí. Sus detractores también han querido poner en evidencia la supuesta «hipocresía» y «doble moral» de la ejecutiva española por trabajar para una compañía que asesora a la empresa pública marroquí OCP (Oficina Jerifiana de Fosfatos), que explota las reservas de este mineral, incluidas las minas del Sáhara Occidental. «Nick Clegg se enfrenta a la vergüenza pública tras conocerse que su esposa trabaja para al gigante minero acusado de pisotear los derechos humanos de la última colonia de África», arremetía días atrás 'The Daily Mail', en una información en la que relataba que Miriam González cobra 488 euros por hora de asesoramiento a la compañía alauita.
Con Sara Carbonero
Nada de todo este torbellino parece afectar a esta abogada, que tiene derecho a guardar la confidencialidad de su clientes. Sus enemigos se topan, de momento, con un hueso duro de roer. La investigación sobre sus negocios se suma a otra campaña de desprestigio personal sobre la forma en que los Clegg entienden el concepto de familia. Ellos lo tienen muy claro, y pactado.
Miriam González es ella y su trabajo; y su esposo, un político que hace lo que le gusta y se siente respaldado por la madre de sus tres hijos. Ambos se compaginan para llevarles al cole y convivir con ellos a partir de las seis de la tarde. Se llaman Antonio (10 años), Miguel (8) y Alberto (3), nombres españoles para compensar el apellido Clegg. Porque Miriam así lo quiso y Nick no tuvo nada que objetar. Tampoco a su deseo de mantener el apellido de soltera y no adoptar la nacionalidad británica, aunque eso supusiera un voto menos para los Lib-Dems, abreviatura de la formación que lidera su cónyuge.
Genio y figura. Sus estilos no pasan nada desapercibidos para el pueblo inglés, con un amplio sector de jóvenes y universitarios que los aplaude y otro, más conservador, que los desaprueba y que llega a recomendar al viceprimer ministro que «gobierne» en vez de «buscar por casa las zapatillas que pierden sus hijos». También que para llevarles al colegio «ya está la niñera». Exhortos que publicó el 'The Telegraph', convertido en el azote de los liberal-demócratas desde que pactaron con Cameron para formar gobierno. «¿Qué pasa? Que González Durántez está casada con un político que no es de la cuerda del 'Telegraph' y les molesta que no se pase la vida danzando como una muñeca detrás de su marido, sino que sea una profesional exitosa», la defienden sus amigos.
Miriam González tiene criterios propios y no los oculta. Exhibió sus principios ecologistas en los pocos actos electorales en los que participó, plantando árboles o llevando un bolso de aluminio reciclado, hecho de tiradores de latas de bebida. Y acusó a 'The Times' de misoginia por publicar, durante el mundial de fútbol, que La Roja había perdido frente a Suiza porque Sara Carbonero distraía a Íker Casillas. Cuando España se proclamó campeona, remitió una carta al periódico para que rectificara y pidiera disculpas. El rifirrafe se dirimió con el envió al editor del rotativo de una tortilla de patatas «hecha por mi madre, que las hace mejor que yo», y una receta para que aprendiera a cocinar el plato 'tipical spanish'.
También sorprendió el pasado año en el congreso de los Lib-Dems al presentarse de amarillo canario, con zapatos a juego. ¿Su color favorito? Más bien un guiño a su marido, ya que el logotipo del partido es del mismo color. Y otro a la austeridad. Le costó 56 euros en Thopshop, firma británica similar a las españolas Zara y Mango. En estas últimas suele hacer acopio de prendas en la T-4 de Barajas, en sus numerosos vuelos Londres-Madrid, bien para pasar las vacaciones en Olmedo o para asistir a los consejos de administración de Acciona.
«Unos vecinos más»
La pareja va de liberal, moderna y 'verde', alejada de los estereotipos que imperan en la clase política europea y norteamericana. Cada uno a lo suyo y a sacar tiempo para la familia. «Yo no voy por ahí con mi portátil anotando si Nick lleva a los niños a clase más días que yo. Intentamos esforzarnos en estar tiempo en casa y compartir las emociones con los pequeños», declara la 'dama de Olmedo', pueblo a 50 kilómetros de Valladolid, donde nació, se crió y mamó las vicisitudes políticas de su padre, José Antonio González Caviedes, alcalde del municipio durante veinte años y senador de UCD y PP, fallecido en accidente de tráfico en 1996. Hasta allí hacen frecuentes escapadas para que la abuela vea a sus nietos y estos puedan corretear por sus calles y montar en bicicleta con su padre, amante de los deportes al aire libre y experto esquiador y alpinista. En Olmedo pasan desapercibidos y las autoridades locales protegen su intimidad. «Se comportan como unos vecinos más que buscan tranquilidad. Nosotros respetamos mucho eso», dice el alcalde de la localidad, Alfonso Centeno, cuando se le pregunta si van a nombrar a Nick Clegg hijo adoptivo. «Él ya es hijo de Olmedo porque lleva viniendo aquí más de quince años», aclara.
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Miriam González y Nick Clegg llegan a la abadía de Westminster para asistir a la boda de Guillermo de Inglaterra y Kate Middleton, el 29 de abril de 2011. Ella luce un vestido del diseñador bilbaíno Miguel Palacio. :: BEN STANSALL/AFP

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