Unos intentan llevarse la Sábana Santa hacia los caminos de la religión, otros tiran por el sendero de lo esotérico y unos cuantos intentan darle a este gran enigma una razón científica.
En los canales de documentales se habla de la Síndone en la que se refleja el cuerpo de un hombre y nadie sabe como ha sido ni de dónde viene, junto a los reportajes del Triángulo de las Bermudas. La Iglesia sigue barajando las opciones de los investigadores para ponerse con sus nuevos instrumentos y sus ampliados conocimientos a descubrir lo que realmente es o no es esa sábana que les ha llevado una vida de investigación.
Valencia acoge este puente festivo un congreso que viene a cubrir las dos grandes voluntades de los científicos y seguidores más empíricos de la tela: por un lado, seguir trabajando en la investigación y, por el otro, reclamar a la Iglesia que les permita volver a hacer un trabajo de campo que ya hicieron casi a ciegas en 1978 los miembros de un grupo de investigación de la reliquia.
Los congresos sobre la Sábana Santa no son frecuentes. No hay mucho de lo que hablar. Los únicos datos empíricos sobre la tela que se cree que cubrió a Jesús y que está en Turín son de esa fecha y de una ulterior en 2002. Nada más.
Así que hay pocas novedades. Pero Valencia se ha lanzado a organizar un congreso internacional coincidiendo con el 25 aniversario del Centro Español de la Sindonología (CES) en el que unas 450 personas entre expertos y aficionados van a disfrutar de tres días enteros de conferencias.
Y no es una casualidad que este encuentro se haya llevado a una universidad y no a una iglesia. Se trata de ciencia, no de religión, como defiende el presidente de CES, Jorge Manuel Rodríguez, que es un apasionado de la pieza arqueológica, pero que se considera laico.
El desconocimiento habitual de lo que es la Síndone lleva a malos entendidos. Sin ir más lejos esta misma semana, desde foros de estudiantes se ha censurado que la Universidad haya dejado (bueno previo pago de un alquiler) el aula magna de la Facultad de Medicina a esta causa. Rodríguez tiene argumentos para rebatir la polémica: «Aquí hay físicos, médicos, ingenieros, químicos, todos investigadores y les puedo decir que para ser un buen investigador no es un mérito ser religioso. Además, algunos de los grandes investigadores son judíos (como Barrie Schwortz, que tiene una web con millones de visitas sobre la Síndone) y hemos recibido acreditaciones de una hermandad budista de Bangladesh». También entre el público hay sacerdotes. Lo que está claro es que desde todos lados les llueven los palos a los que quieren investigar uno de los grandes misterios de la arqueología por su estrecha relación con Jesús.
El congreso aspira a aportar novedades, aunque con datos de hace 35 años que están ya absolutamente esquilmados poco les queda por mejorar. John Jackson lo tiene claro: «Ahora mismo sería mucho más rentable tener nuevos datos que seguir trabajando con los de 1978».
Pero la Síndone tiene tirón. Un científico italiano experto en radiaciones no sabía dónde podía venir ese dibujo de un cuerpo humano que se ve en la sábana. Y así todos. Hablan, hablan pero el misterio sigue absolutamente abierto. La sábana se puede ver en Turín, pero no se toca. Al menos los activos seguidores españoles de la Síndone, con sede en Valencia, aspiran a que algún día la reliquia deje de ser un gran misterio.








