Marcos Muñoz tiene 39 años, ha trabajado durante años en el sector de la construcción. Después de tres años y medio, ahora se forma en el taller de empleo del Caserón Haygón de San Vicente, donde aprende y aplica los conocimientos de jardinería.
Como él, otros treinta adultos mayores de 25 años participan en una iniciativa para la que hay cola. La demanda de plazas supera con creces la oferta. Además de jardinería, se enseñan las especialidades de mantenimiento de edificios, atención socio-sanitaria y pintura.
Los talleres son mixtos, combinan aprendizaje teórico con el práctico, y duran de seis meses ampliables a un año, que es lo que suelen durar. Los alumnos disponen de contrato «desde el primer día», y efectúan sus prácticas. Después trasladarán los conocimientos en las instalaciones de Haygón y en otras dependencias, como colegios o el parque Lo Torrent.
Esta iniciativa cuenta con la cofinanciación del Fondo Social Europeo, del Ayuntamiento de San Vicente y de la Conselleria de Educación y Empleo, y dispone de una dotación económica de casi 650.000 euros para costear el material, el sueldo del alumnado y a los formadores. Se trata de una actividad necesaria, en una localidad que cuenta con 6.735 desempleados.
«La situación se estaba volviendo muy complicada. Cuando me llamaron rompí a llorar de la emoción», relata Marcos Muñoz, quien atravesó una larga temporada sin poder trabajar.
Poco después de iniciar los talleres el 26 de diciembre uno de los alumnos tuvo la suerte de abandonarlo, ya que encontró un empleo. Pero la crisis hace mella y el porcentaje del 85% de empleabilidad de experiencias anteriores se ha reducido. A pesar de ello, «los participantes obtienen una formación de calidad y la acreditación de un año de experiencia laboral», señaló la edil de Empleo y Desarrollo Local, Carmen Victoria Escolano.
Explican desde el centro que muchos de los alumnos que acceden al programa proceden del mundo de la construcción e industrias que abastecen el sector. Padres de familia que, en ocasiones, arrastran periodos de más de tres años sin poder encontrar un empleo.
«Hay que reconvertirse»
Juan Bautista también forma parte de esta iniciativa, aunque en la rama de pintura. Él viene del sector del trabajo con el metal. «Al principio cuesta un poco, pero es una oportunidad única de aprender un nuevo oficio», explica quien a sus 38 años ha tenido que reciclarse.
Y es que los alumnos ven como tienen la oportunidad de acreditar experiencia laboral, mientras que durante un año «podemos ampliar conocimientos y mejoramos las expectativas de incorporarnos al mercado laboral», relata Salvador Martínez, alumno del taller.
Con 14 años de experiencia como docente en este tipo de proyectos, Pedro José López trata de «formar a los alumnos en un oficio y que se vayan de aquí con nuevas destrezas y con un importante bagaje». «El objetivo es que consigan ser autónomos». Enrique Bernabé tiene 48 años, de los cuales 18 los ha pasado como profesor de jardinería dentro de la administración. «Ellos aprenden y nosotros luego hacemos un poco de guía, pero los alumnos realizan el trabajo».
Gracias a esa autonomía, el pulmón de San Vicente, el parque Lo Torrent, ha experimentado un lavado de cara merced a los siete alumnos de jardinería que aparcaron allí sus herramientas. Los aprendices han creado infraestructuras como escaleras para evitar que los vecinos pisen las zonas plantadas, dos invernaderos y un huerto.
Además, tutelados por su profesor, estas siete personas recuperan y mantienen las zonas más degradadas del parque y de toda la instalación. Los invernaderos albergan más de 4.000 plantones con especies autóctonas de la zona «que requieren muy poca agua» para poner en Lo Torrent y en otras zonas ajardinadas de la localidad.
Asimismo, el 70% de los materiales que los alumnos emplean en todas las especialidades para adecuar instalaciones son reutilizados. «Deben aprender a utilizar este tipo de productos, que no sea todo comprar nuevos materiales», indica el director de la escuela.
Los alumnos de las escuelas taller y de estos cursos han reformado poco a poco las instalaciones del Caserón. Se trata de un antiguo edificio situado en la partida de Haygón necesitado de rehabilitaciones por su estado.
Es un banco de pruebas para los estudiantes. Antes de aplicar sus conocimientos sobre edificios o sobre jardines del municipio, los aprendices desarrollan sus habilidades en el Caserón, renovado gracias a estos nuevos profesionales.
Además de haberse reformado por la mano de los estudiantes, el Caserón Haygón dispone de hace poco más de un mes de independencia energética. Una batería de placas solares, instaladas por los alumnos, abastece a la instalación e incluso le sobra electricidad.






