El cine valenciano viajó ayer hasta el festival de Málaga. Lo hizo de la mano de 'Kalimambo', tres historias independientes, cada una creada por un director diferente, situadas en Mozambique. Carla Subirana, Abdelatif Hwidar (ganador del Goya al mejor corto por 'Nadar') y Adán Aliaga ponen sus miradas en las propias experiencias que vivieron en el país africano.
La primera habla de las dos guerras sufridas por el país, la de independencia y la civil, siguiendo a un antiguo soldado, hoy viudo y padre de un joven adolescente, que ha vivido 20 años con una bala en su costado. La segunda es una mirada en torno a la pobreza y la enfermedad en busca de una mujer, y la tercera es la de una joven sordomuda que encontrará su complemento en un veterano cantante ciego. Coproducida por Lluis Miñarro, es una película que interesa y que puede emocionar en algún momento, pero también muy minoritaria y de difícil estreno comercial. El filme cuenta con ayuda del Instituto Valenciano del Audiovisual y la Cinematografía.
Por otro lado también entró en competición 'Memoria de mis putas tristes', adaptación de la novela homónima de Gabriel García Márquez, dirigida por el danés Henning Carlsen con protagonismo de Emilio Echevarría, Geraldine Chaplin y Olivia y Ángela Molina.
Como es sabido, la trama desarrolla, con diferentes retrocesos en el tiempo, la historia de 'El sabio', un periodista de un remoto pueblo mexicano que nunca ha mantenido una relación con una mujer sin tener que pagar por ello. El día de su 90 cumpleaños, llama a la madame de un burdel para que le facilite una joven virgen. La adaptación la firma el propio director, con más de 25 películas a sus espaldas, enamorado de la obra del Nobel colombiano, junto al francés Jean-Claude Carrière.
Los productores han indicado que esta es la última adaptación de una novela de García Márquez que se lleva a la pantalla porque, a partir de ahora, ni el autor ni su familia van a permitir que se adapte ninguna otra.
Otro gran protagonista ayer fue Pedro Pérez, el Presidente de la FAPAE (organismo que agrupa a las productoras audiovisuales españolas), que pidió a Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda, «que no programe TVE». Pérez le respondía así a unas declaraciones anteriores del responsable de las cuentas públicas en las que había criticado el «despilfarro de las series producidas por Televisión Española»: «Cada película española en la que invierte Televisión Española deja huella industrial y deja empleo».






