Llenar el depósito, pagar la hipoteca, la factura de la luz después de los meses de invierno, el gas, la lista de la compra y un poco de ocio. Actividades cotidianas a las que la vida nos arrastra y a las que más de uno le hacen añorar la inconsciencia de la infancia o la agridulce adolescencia, en la que los problemas nada tenían que ver con llegar a final de mes.
Así, en una rápida comparativa se puede apreciar que la vida, pese a estar rodeada de trincheras llamadas recortes, sube de forma precipitada. ¿Algún fumador se imaginaba hace diez años llegar a pagar más de cuatro euros por una cajetilla de tabaco?
En un año, la provincia de Castellón, con un constante aumento del paro y de la destrucción de empresas, ha ido encareciendo prácticamente todos los servicios o, incluso, los productos de primera necesidad como el pan o la leche.
Nada se regala y el euro no se estira, aunque las nóminas de la sufrida clase media sí que encogen. Hasta los privilegiados con trabajo ven cómo se les eliminan los complementos, las horas extra y las mejoras salariales. Por no hablar de la dentellada del IRPF tanto en el tramo autonómico como en el nacional. El caro precio de vivir.
La gasolina está en récords históricos y esta misma semana el fuel -95- ha superado en la mayoría de los surtidores de la provincia los 1,5 euros por litro. Antes, con 40 euros se llenaba el depósito; ahora, con la misma cantidad hay casi un tercio vacío. Castellón es una de las provincias más caras en la venta de gasolina, si bien el colectivo que aúna al sector lo achaca a los impuestos. La variación porcentual del año marca un repunte de hasta el 16 por ciento en el precio del fuel. Es sólo un ejemplo, porque también el impuesto sobre la revisión del vehículo (la ITV) se ha encarecido en los últimos años, ya que se establece ahora en 65,20 euros, lo que marca un crecimiento de más del 7 por ciento con respecto a hace tres años en la Comunitat.
Y aquí es donde muchos dirán que lo mejor sigue siendo el transporte público. La mayoría de estos sistemas están en manos de administraciones públicas que no han dudado en incrementar los costes pese a, por ejemplo, mantener un déficit en la infraestructura como en el caso de la capital de la Plana.
El billete sencillo ha crecido un diez por ciento en un año, con una tarifa de 1,03 euros, pese a que las distancias en Castellón son más bien cortas. Lo mismo ha ocurrido con el TRAM, que hasta ahora sólo cubre una línea: la que va de la estación de Renfe a la UJI. Además, la intención de Adif es encarecer un once por ciento el precio del billete de Cercanías.
Escapar del petróleo es imposible y son miles las cuestiones que afectan a su incremento de precio. Un estudiante de Onda, Jesús, explicaba que «aunque al principio íbamos todos en coche al instituto, visto lo visto hemos apostado por compartir coche y pagar entre todos la gasolina».
Pero moverse por la ciudad tiene un precio y, por supuesto, algo tan habitual como hacer la lista de la compra se está convirtiendo en hacer encaje de bolillos para muchos. «Antes no miraba precios y siempre que podía iba a las grandes superficies. Ahora compro con una lista y apuesto mucho por la marca blanca porque ahorro aunque, por suerte, tengo trabajo y me puedo permitir algún capricho», explicaba Fernando.
Un ejemplo perfecto de los cambios en los hábitos de los castellonenses: comprar sólo lo necesario y apostar por lo más barato siempre que se pueda. En eso se lleva la palma Mercadona, que es el supermercado más barato de Castellón pero que, a la vez, mantiene la calidad y la exigencia de los clientes. Pero pese a las técnicas de Juan Roig, la cesta de la compra ha subido en Castellón.
Según el Observatorio de Precios del Ministerio de Industria, en el último año en Castellón la compra media se ha encarecido un uno por ciento. Sin embargo, las hortalizas y las frutas han crecido hasta un once por ciento, las carnes un 1,6 por ciento y el pescado ha aumentado su precio un 2,4 por ciento en la variación interanual.
Provincia barata
Y un dato curioso es que la diferencia entre un carro lleno de marcas blancas y uno con marcas está en el 40 por ciento en Castellón, que sigue siendo una de las provincias más baratas de España para llenar la nevera.
Tal y como explicaba una pensionista, con una paga mínima que apenas ronda los 500 euros, «no hay opciones: marcas blancas y sin lujos. Yo trato de pasar con lo mínimo: un pollo, fruta de temporada, pan y leche, legumbres... Lo de toda la vida al final acaba siendo lo más barato»
Y para acciones cotidianas el abrir el buzón y encontrar amables cartas con facturas. La luz cuesta ahora un siete por ciento más, el gas un cinco por ciento y el precio de la bombona de butano se sitúa ya en 15,54 euros en Castellón.
El único respiro que se está dando a los bolsillos de los castellonenses es todo lo vinculado con el coste de la vivienda. En medio del fuerte ajuste tras el 'boom' inmobiliario, el Euribor ha pasado del 2,086 del mes de abril de 2011 al 1,385 que marca ahora, lo que abarata el pago de las cuotas de las hipotecas vinculadas a este diferencial.
Asimismo, según un estudio de Fotocasa, el alquiler se ha depreciado en el último año cerca de un tres por ciento, por lo que ahora la media en Castellón está en 5,64 euros el metro cuadrado.
Otro cantar es si la capacidad de ahorro no se ha difuminado entre los castellonenses, incluso si el reintegro por el coste de la vivienda en la declaración de Hacienda no cae a causa de una menor aportación cada año en este concepto. Además, desde 2010 la compra de una vivienda no desgrava. Y luego, por supuesto, está el ocio.
Ir al cine, por ejemplo, es un lujo que pocos se permiten todos los meses. «Si vas con niños te acabas gastando más de 30 euros», tal y como reconocía una madre de Vila-real. De ahí que se haya apostado por otras fórmulas de ocio que, en el caso de los matrimonios con hijos, pasa por actividades organizadas por los ayuntamientos.
También es usual llegar a un restaurante y encontrarse con que, pese a no tener reserva, hay mesa. El socorrido botellón crece ya no sólo entre los más jóvenes, sino entre los treintañeros, que deciden pasar las nocheviejas o sábados por la noche en casa de amigos. Entre todos, el plan sale mejor.
Siempre hay quienes prefieren ahorrar por otros lados para poder disfrutar de al menos una o dos cenas fuera de casa al mes. Pero con reservas. Nada de lujo.
¡Qué caro es vivir! Y eso que cada vez hay nuevas 'necesidades' como la tarifa plana en el móvil, los gimnasios, comprar un libro o quedar a tomar un café. Menos dinero y todo más caro, en definitiva.








