Han pasado ya más de dos meses desde la trágica noche de febrero en la que tres indigentes lituanos murieron después de tomar metanol, un alcohol de uso doméstico e industrial, en una finca abandonada de la avenida del Puerto de Valencia. Sólo uno de ellos, Ruslan, descansa al lado de su familia en Lituania. La pareja de este hombre, Daiva, y otro compatriota, Daividas, recibieron sepultura de manera solidaria en Valencia, ya que ninguno de sus familiares en su país de origen pudo asumir el coste del traslado.
Según ha podido saber LAS PROVINCIAS a través de amigos de las víctimas, el padre de Ruslan se desplazó a Valencia a principios de marzo y se hizo cargo del cadáver. El cuerpo sin vida voló finalmente a Lituania tras varias semanas en las cámaras del Tanatorio Municipal de Valencia, un traslado por el que el hombre tuvo que desembolsar unos 2.000 euros.
Su pareja, Daiva, no ha tenido la misma suerte. Al parecer, su madre se encuentra en una precaria situación económica y además está hospitalizada con graves problemas de salud. «La hija de Daiva, que vivía junto a su abuela, ha sido trasladada a un centro de acogida de menores», relata Inga, amiga íntima de las víctimas de la letal ingesta. Tampoco los familiares del tercer fallecido, Daividas, han podido costear su vuelta para llorarle en Lituania. Ambos descansan ya en el Cementerio General de Valencia.
Como informó este diario, otro amigo de las tres víctimas, Jozas Seiris, de 52 años, tomó metanol junto a ellos en la noche del 7 de febrero, en plena ola de frío. Es el único del grupo de lituanos que ha logrado sobrevivir a los terribles efectos de una sustancia empleada como sustituto barato del alcohol común y que tiene efectos similares a un veneno, con daños cerebrales irreparables.
Una vez intoxicado, Jozas deambuló por la ciudad y acabó en el Hospital Doctor Peset. Al igual que Daiva, entró en coma, pero ella corrió peor suerte. En su caso, y gracias al esfuerzo de los médicos, ha logrado sobrevivir tras pasar más de un mes en estado de coma en la UCI de este centro.
Allí cumplió 52 años el día pasado día de San José, justo seis días después de recuperar parcialmente la consciencia. Cuando despertó, Jozas casi no podía recordar lo que le había ocurrido. «¿Por qué estoy aquí?», preguntaba a sus colegas. «Al tener recuerdos muy confusos, hubo momentos en que pensaba que él había matado a sus compañeros muertos», describe Inga.
La lituana asegura que su amigo «ha perdido unos 10 kilos y está en los huesos». «Ahora ya sabe la verdad de todo, que le escondimos un tiempo por su propio bien». Tras un lentísimo y costoso proceso de recuperación, el 4 de abril abandonó el hospital valenciano. Una ambulancia trasladó al lituano hasta un centro de recuperación de Castellón y es ahí donde Jozas lucha ahora por rehacer su vida, intentando apartarse de su adicción al alcohol y el tabaco.
El lituano llegó a España hace aproximadamente una década, tras separarse de su mujer en Lituania. Hasta hace cinco años las cosas le iban bien, pero con la crisis acabó en la calle. En febrero malvivía con sus otros colegas 'gorrillas' fallecidos y tenía un estado de salud delicado. Había superado dos infartos antes de que el metanol le colocara a las puertas de la muerte.




