El jardinero de Francisco Beresaluze, el empresario noveldense asesinado junto con su mujer en abril de 2010, pudo recibir hasta 20.000 euros por la información que supuestamente suministró a un miembro de la banda rumana que perpetró el brutal asalto en la Casa Ymás.
Así lo refleja el sumario del caso, donde se recoge la declaración de uno de los detenidos por su implicación en el crimen, Petrus Razvan Glontescu, que ahora podrá salir en libertad si paga una fianza de 6.000 euros. Este sospechoso, de origen rumano, era amigo del casero de los Beresaluze y, a su vez, estuvo viviendo en Novelda con uno de los presuntos autores materiales del asalto, Ionut Radu Capota.
Según relató Glontescu a la Guardia Civil, «entre los meses de noviembre de 2008 y febrero de 2009 estuvo planeando junto a Ionut Radu Capota y Marian Bonteanu (casero de la finca) cometer un robo» en la Casa Ymás. Bonteanu supuestamente informó de que «los propietarios de la finca tenían sobre un millón de euros en metálico en una habitación con puerta acorazada» y «refirió que siempre pagaban con billetes de 500 y nuevos, por lo que estaba convencido de que estarían en tacos de los que dan en el banco». El jardinero presuntamente también añadió que su jefe «tenía la enfermedad de Parkinson, que en el interior de la vivienda tenía dos escopetas de caza y que en la finca había un perro muy peligroso».
Siempre según el testimonio de Glontescu, «Ionut estaba obsesionado con cometer el robo en la finca y siempre decía que había que matar a los propietarios. Intentó convencer varias veces a Marian para que participara, pero este le decía que tenía hijos y que su jefe le había prometido darle trabajo para muchos años».
Ante las reticencias del jardinero, Ionut Radu Capota «en principio le ofreció 15.000 euros para que les ayudara», pero, «como Marian dudaba», llegó a ofrecer hasta 20.000 para que se uniera al grupo que iba a robar en el chalé». Aunque este sospechoso dijo desconocer si finalmente el casero recibió el dinero, sí reiteró que «todo partió a raíz de la información que dio Marian Bonteanu».
Glontescu, según su propia declaración, de la que luego se desdijo en el juzgado, incluso llegó a ir en dos ocasiones con Capota y otros rumanos no localizados a hacer «vigilancias» a la casa. «Como Ionut continuaba diciendo que a los propietarios del chalé había que matarlos, rompí relaciones con él y lo eché de mi casa», confesó. Posteriormente, de vez en cuando Ionut y su grupo, que venían desde Almería, «le hacían visitas y le comentaban que habían estado vigilando el chalé, pero que al viejo siempre le seguía el perro», según el sumario.
Por su parte, el jardinero, en sus comparecencias ante la Guardia Civil y el juzgado, admite conversaciones sobre el efectivo que sus jefes tenían en casa, pero niega haber planeado ningún robo. No obstante, muy pocas personas sabían que la noche del crimen él y su familia no iban a dormir en la finca, como era usual.
Además, para romper el cristal blindado de la terraza por el que accedieron a la casa, los asaltantes cogieron una pesada piedra de un muro de contención que habían levantado días antes los dos jardineros de la finca. Los ladrones tuvieron que cortar el cristal con diamante, realizaron varios disparos y, después, cogieron la losa para acabar de fracturarlo. Justamente eligieron la única que estaba suelta, por los que los investigadores sospecharon que alguien de la finca les había facilitado esa información. De hecho, Bonteanu también tuvo intervenido su teléfono desde el principio de la investigación, pero la Guardia Civil no encontró conversaciones comprometedoras.





