El incendio provocado que la madrugada del pasado miércoles obligó a desalojar a los cinco ocupantes de una vivienda en Villores ha reabierto una vieja herida no sólo en este pequeño municipio de Els Ports, sino en el interior castellonense en general. La sensación de indefensión que estos días lamentan tener los habitantes de Villores tras vivir el tercer ataque de un pirómano en tres años es extensible a muchos otros municipios, y es que de un tiempo a esta parte se ha registrado un notable incremento de los robos y los actos vandálicos en las áreas rurales de la provincia.
Es el caso, por ejemplo de Traiguera, cuyo alcalde, Carlos Roda, aprovechará hoy la visita del subdelegado del Gobierno de Castellón, David Barelles, a la localidad para pedirle que convoque una junta de seguridad en la que estudiar las medidas a adoptar para atajar los hurtos en las granjas y fincas agrícolas de éste y otros tantos municipios del Maestrat.
En este sentido, Roda recuerda que el problema «ya viene de largo», y prueba de ellos es que durante las dos últimas legislaturas ha mantenido diversos encuentros con el antecesor de Barelles, el socialista Antonio Lorenzo. «Es cierto que ahora hay más presencia de la Guardia Civil, pero no la suficiente», lamenta al respecto el munícipe. «Se ha convertido en una costumbre que cada tres o cuatro días o cada semana entren a robar en una finca. Cobre, maquinaria,... Esto es insoportable», añade.
Al igual que Traiguera o Villores, Sant Rafael acaba de sufrir hace no mucho un nuevo ataque. A finales de marzo, el municipio se quedó sin teléfono y sistemas de pago después de que robaran los cables de cobre que alimentaban el servicio. Un hecho que provocó graves problemas a los comercios, los edificios municipales e incluso a los propios vecinos y que llevó a su alcalde, Domingo Giner, a solicitar también un encuentro con el subdelegado del Gobierno.
Piden vigilantes nocturnos
Entre las medidas que se podrían adoptar, Carlos Roda plantea la creación de una policía mancomunada que de servicio a todos los municipios de la zona, pero también la contratación de vigilantes nocturnos. «Si los ayuntamientos pudiésemos costearnos este servicio no lo dudaríamos, pero con la crisis que hay, no podemos pagarlo», advierte.
Cabe destacar que esta no es la primera vez que se ponen estas opciones sobre la mesa. De hecho, el año pasado los alcaldes de los pueblos del interior de Castellón ubicados entre la sierra de Espadán y el cauce del río Mijares ya plantearon la posibilidad de poner en marcha una Policía Local Mancomunada ante la escasez de agentes de la Guardia Civil en la zona. «Ahora parece que la cosa está más tranquila, pero la propuesta no ha sido en ningún caso descartada», señala al respecto Ramón Balaguer, alcalde de Ayódar, quien precisamente fue uno de los principales impulsores de esta iniciativa.
La otra alternativa era la recuperación de la ya extinta figura del sereno, de modo su presencia por las calles de los municipios sirviera para disuadir a los posibles ladrones. Al final, sin embargo, sólo Vilafranca contrató a un vigilante nocturno, algo que actualmente anhelan otros tantos municipios.
Y es que en Villores, por ejemplo, la gente duerme «con miedo», según su alcalde, tras la oleada de incendios indiscriminados.







