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En los veinte años de la mejor gloria

Alicante

En los veinte años de la mejor gloria

Miriam Blasco Judoka y diputada

11.03.12 - 00:03 -
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Miriam Blasco, (Valladolid, 1963) nació en el seno de una familia numerosa de nueve hermanos y realizó sus primeros estudios de Primaria y Bachillerato en su ciudad natal. Su padre, profesor de gimnasia y su madre, propietaria de una tienda de artículos deportivos la destinaron a la práctica. «Mi padre nos repartió por disciplinas, a mí me tocó el judo», dice. Debió de ser providencial, a los hechos me remito.
Con 17 años viene a Alicante. «Aquí estaba Sergio Cardell y también estaba mi novio, que luego fue mi marido», cuenta. Daba clases de judo y se mantenía económicamente: «Vivía con una amiga y luego con mi novio, hasta llegué a ayudar a mi familia porque una familia numerosa ya se sabe», recuerda.
En Alicante terminó el COU y luego emprendió otros estudios, «pero no finalicé porque esto del deporte es muy absorbente, estudié idiomas, entre otras cosas». También tiene que ver que, cuando llega a nuestra ciudad ya era la tercera de España en su categoría y continuaba preparándose para campeonatos nacionales e internacionales.
Su historia con Barcelona 92 tiene un preámbulo duro. «Un mes antes de las Olimpiadas falleció Sergio Cardell, en un accidente de moto. Fue terrible, por todo, llegué a sentirme responsable», lamenta. Un mes antes había quedado campeona del mundo, también en Barcelona, «pero las Olimpiadas son otra cosa, no quería participar pero me convencieron con ayuda psicológica y me decidí a competir para hacerlo por él».
Lo del desfile olímpico lo cuenta con emoción: «Desfilar ante tu público, con el príncipe de abanderado, en aquella emocionante apertura, es lo más para un deportista». El reto, me cuenta, era muy importante, «tenía que ganar por él, todavía, cuando lo veo, se me saltan las lágrimas». Luego vino la entrega de la medalla, con los Reyes en el palco y no es fácil imaginar lo que pudo llegar a sentir por dentro. Así se convirtió en la primera española que recibía la máxima condecoración olímpica, primera medalla de oro femenina en la historia del olimpismo español. Su triunfo lo comparte con el resto de los participantes. «Fue un triunfo de las mujeres y de nuestro público en Barcelona», considera.
Siguió entrenando hasta el año 1996, cuando montó su propio club de judo y fue seleccionadora del equipo nacional. Entre las atletas a las que ayudó a sus éxitos figura Isabel Fernández. «En dos Olimpiadas consecutivas consiguieron éxitos las judokas que yo entrenaba, eso también significó un hito», señala.
En el año 2000 da un paso distinto en su vida y entra en política. «Esta vocación me debe venir de mi padre. Eduardo Zaplana me ofreció ir en las listas al Senado y dije que sí», comenta. Salió elegida durante dos legislaturas y, ahora, es diputada desde las últimas elecciones al Congreso. Ha sido un cambio importante, en el Senado se trabaja con más tranquilidad y es importante que esta cámara siga existiendo pero en el Congreso todo es más mediático, es otro ritmo».
Su dedicación política también está relacionada con la mejora del deporte, su auténtica especialidad. «Soy la portavoz en deportes y me consultan para todo lo relacionado con él», dice. Hay mucho campo en esta materia, «temas como información y deporte, el futuro de los deportistas, mujer y deporte y la adaptación de los deportistas cuando acaba su práctica, su inserción en la vida».
En cuanto a la práctica femenina del deporte, le preocupa especialmente. «Hay menos información sobre nuestras deportistas y esto se convierte en una pescadilla que se muerde la cola, no se fomenta porque no se visualizan nuestras campeonas y repercute negativamente en el fomento de la práctica por parte de las mujeres», considera. Me pregunta si conozco a Joane Sobarriba y confieso mi ignorancia. «Es una ciclista que ha ganado varias veces el Tour de Francia femenino y a penas se la conoce, mujeres hay pero, si no se habla de ellas, es como si no existieran», denuncia.
Miriam ha participado en tres Olimpiadas de comentarista para la televisión. «Ahora también iré a Londres, le salgo barata al medio porque voy en calidad de invitada olímpica y, en esta ocasión, celebraremos los veinte años de Barcelona, o sea que, será por partida doble», dice. Pasamos al asunto de la crisis y señala que «gobernar ahora es difícil, la crisis está afectando mucho al deporte, hay muchos dramas familiares, ojalá hubiese tenido la situación de hace ocho años, cuando Zapatero llegó al poder». En el comentario le ha salido la vena política que defiende su partido: «Todo es muy complicado», dice con cierta tristeza.
A su Valladolid natal no ha renunciado. «Me siento pucelana, allí mi nombre está en una calle y un polideportivo», indica. Lleva viviendo en Alicante 30 años: «Aquí me hice campeona gracias a Sergio Cardell», rememora. A finales del 92 se nominó una calle, «perdón -me dice-, avenida», y efectivamente, rectifico, entre sonrisas. «Entonces aquello parecía que no llevaba a ninguna parte y, ahora, es la más importante de la zona», señala. Pues sí, para mí raro es el día que no escucho su nombre referido a esta zona de la ciudad, aunque vivo lejos de allí.
Ahora, en su nueva etapa me dice que «ilusión no me falta, planteando objetivos y tratando de conseguir los sueños, ayudando a solucionar problemas y que se legisle para ser mejores».
Miriam es una mujer de aspecto frágil, no parece que el judo haya sido su deporte. Puestos a buscar un símil musical me viene a la mente aquélla canción de Serrat, 'Como un gorrión', aunque es todo un carácter interior. Ha llegado de Madrid y con su maleta se va a buscar el autobús para casa. Al despedirnos, me dice entre risas «a ver lo que escribes, ya sabes que practico judo». Nos volvemos a reír y le digo que eso no lo voy a olvidar. Nos hizo recuperar la ilusión en nosotros y vivir un sueño, como ahora trata ella en su particular lucha.
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