«Nos vemos hoy en Lluis Vives a las seis de la tarde». Mensajes como este en la redes sociales congregaron de nuevo ayer a cientos de personas en el centro de Valencia. Los manifestantes volvieron a campar a sus anchas por la ciudad, con total impunidad, y sin importarles el perjuicio que ocasionaban a los conductores. La Policía Local tuvo que ir cortando el tráfico al paso de los jóvenes, con el consiguiente caos circulatorio.
Con las reivindicaciones estudiantiles por bandera, protagonizaron otra marcha que tampoco había sido comunicada a la Delegación de Gobierno, tal y como establece la ley.
Los manifestantes recorrieron las calles del centro del Valencia con una ruta similar a las de los días anteriores. Regresaron al domicilio de altos cargos valencianos, como el de la alcaldesa Rita Barberá y el ex presidente de la Generalitat, Francisco Camps. Frente a sus viviendas profirieron diversos gritos e insultos. Un acoso inaudito.
Durante la marcha también se detuvieron frente a la Delegación de Gobierno, blindada por varios furgones de la Policía Nacional y una veintena de efectivos, que se limitaron, como hacen desde el pasado lunes, a proteger puntos estratégicos sin interferir en las protestas. Los jóvenes lanzaron consignas pidiendo la dimisión de la delegada, Paula Sánchez de León.
A continuación, se dirigieron hacia la jefatura superior de Policía, por lo que los agentes, que ya había cortado las calles más céntricas, como la de Colón, empezaron a cerrar al tráfico de las adyacentes a la Gran Vía y la plaza del España. Allí lanzaron consignas contra el jefe superior, del que también piden que cese en su cargo por las actuaciones policiales.
Pasadas las ocho de la tarde, avanzaron hasta la sede regional del Partido Popular. Parte de Guillem de Castro también quedó afectada por los cortes. Allí, bajo la mirada de decenas de Policías Nacionales, volvieron a exigir dimisiones. Varios jóvenes acudieron también a las puertas de Les Corts.
Varias horas antes, frente al IES Lluis Vives centenares de estudiantes, padres, madres y profesores se abrazaron en una cadena humana para protestar contra los recortes, los impagos y la «violencia policial exagerada» de los últimos días.



















