Un entierro de la sardina irreverente, pero cargado de actitud crítica hacia los problemas más serios que azotan a Alicante, puso fin a las fiestas de Carnaval en la ciudad ayer. El desfile de plañideras comenzó en la plaza de San Cristóbal sobre las 21.30 horas, para dirigirse en satírica procesión hasta la del Carmen. Allí tuvo lugar la incineración de la sardina, con la que este año la Mesa del Carnaval quiso simbolizar la quema de los pecados de los responsables de la crisis, y el baile negro.







